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Teoría de genero vs práctica trans

Hace 10 días fuimos a una mesa redonda sobre “Generos y transgeneros”, organizado por el departamento de Antropología de la UB. A poco días después de la emisión del documental Transit de TV3 sobre la juventud transgenero, cualquier mesa redonda con este nombre iba a llamar mucho la atención. Sólo había un inconveniente.

La mayoría de los oyentes habían leído la parte de “Generos y transgeneros” – sin darle importancia a que se trataba de un acto en el marco de la semana de Antropología. Las discusiones se centraban sobre todo en la parte conceptual del transgenero, con pocas aplicaciones prácticas – tal como se puede esperar de una mesa redonda científica. Al fin y al cabo se trataba de una discusión entre antropólogos – en una universidad. La presencia de Rosa Almirall, ginecóloga y espacializada en la atención a personas trans era la única que trabaja diariamente a nivel práctico con el tema.

Mientras tanto, en el público sí que había un gran número de personas trans – sobre todos jóvenes. Mientras yo absorbía toda la discusión sobre cuestiones de representación de genero y construcción de identidad, A. se sintió frustrado. Me dijo que no se había enterrado de nada y que lo dela construcción de genero le parecía absurdo.

De hecho, se sinitó ofendido que alguien pudiera insinuar de que su genero fuera construído. Él sabe que es hombre. Su transición es una corrección y bajo ningún concepto está construyendo nada. Cuando intenté acercarle a la teoría de género como construcción social, básicamente se bloquéo. Parece que este tema (aún?) despierta demasiadas inseguridades. Si algo le pone nervioso es que alguien ponga en duda su masculinidad – aunque sea a nivel de discusión universitaria.

A lo mejor es cuestión de madurez (de la identidad construida) y quizás de formación (?). En la misma jornada conocimos un joven trans que había participado en la organización de la mesa. Intervino cuando un hombre empezó a dominar la discusión durante el turno de preguntas. Como hombre trans estaba muy consciente de su privilegio como hombre – habiendo estado en los dos lados de nuestro sistema binario. Fue el momento en el que la teoría se convirtió en práctia – y de paso un ejemplo genial de como los hombres también pueden (deben) ser feministas, velando por el derecho de las mujeres a hablar, y el derecho de los hombres a escuchar y reflexionar.

La Performatividad del Género

Texto original en inglés: Gender Performance: The TransAdvocate interviews Judith Butler

“La Performatividad del género: ‘The Transadvocate’ entrevista a Judith Butler”

(traducido por  Akntiendz Chik en Facebook)

Entrevista realizada a Judith Butler por Cristan Williams, editora de “The Transadvocate” y publicada el 1 de mayo de 2014.

Judith Butler es una prominente teórica del género y ha desempeñado un papel extraordinariamente influyente en la conformación de feminismo moderno. Ha escrito extensamente acerca del género y su concepto de performatividad de género es un tema central tanto del feminismo moderno como de la teoría de género. Los ensayos y libros de Butler incluyen, “Actos performativos y constitución del género: un ensayo en la fenomenología y la teoría feminista” (1988), “El género en disputa: El feminismo y la subversión de la identidad” (1990), “Cuerpos que   importan:  Sobre  los  límites  materiales y discursivos del sexo” (1993) y “Deshacer el género” (2004).

Sin  embargo, el  concepto de  performatividad  de  género se  ha  utilizado -y algunos dirían abusado de él- para apoyar una serie de posiciones que malinterpretan la obra de Butler. Por lo tanto, quería preguntarle a Butler qué es lo que ella realmente piensa acerca del género y la experiencia trans. De paso, Butler aborda específicamente el asunto de las TERFs [siglas  en  inglés  para “Feministas  Radicales Trans Excuyentes”] así como el trabajo de Sheila Jeffreys y Janice Raymond.

Cristan Williams: Usted se refirió a la intervención quirúrgica por las que atraviesan muchas personas transexuales  como  “una  transformación muy valiente” ¿Podría hablarnos acerca de eso?

Judith Butler: Siempre es valiente insistir en pasar por las transformaciones que se sienten necesarias y correctas, incluso cuando hay tantos obstáculos para hacerlo, incluyendo pasar por las personas e instituciones que buscan crear una patología o criminalizar esos actos tan importantes de autodefinición. Sé que para algunos se siente como algo que es menos valiente que necesario, pero todos tenemos que defender esas necesidades que nos permiten vivir y respirar en la forma en que se siente correcta para nosotros. La intervención quirúrgica puede ser precisamente lo que una persona trans necesita -y también no siempre es lo que una persona trans necesita. De cualquier forma que sea, uno debe ser libre de determinar el curso de su propia vida en relación al género.

CW: Creo que es seguro decir que muchas teóricas del género son controvertidas de una manera u otra. Algunas han agrupado el trabajo suyo junto con el trabajo de otras teóricas del género como Sheila Jeffreys, quien escribió:

[“La cirugía transexual] se podría comparar con la psiquiatría política en la Unión Soviética.

Sugiero que el transexualismo debería ser visto mejor desde esta perspectiva, como el abuso más directo político y médico, de los derechos humanos. La mutilación de los cuerpos sanos y la sujeción de dichos organismos a un tratamiento continuo y peligroso que puede resultar mortal, viola los derechos de esas personas a vivir con dignidad en el cuerpo en el que nacieron, al que Janice Raymond se refiere como sus cuerpos ‘nativos’. Representa un ataque contra el cuerpo para corregir una condición política, la insatisfacción ‘de género’ en una sociedad de supremacía machista en base a una noción falsa y políticamente construida de la diferencia de género.. La literatura reciente sobre la transexualidad  en  la  comunidad  lesbiana dibuja las conexiones con las prácticas de sadomasoquismo.”

CW: ¿Puede hablar acerca de la forma en que sus opiniones podrían diferir de éstas que hemos citado?

JB: Nunca he estado de acuerdo con Sheila Jeffreys ni con Janice Raymond, y durante  muchos años  he  estado  más  bien  del  lado  opuesto en los debates feministas. Ella se designa a sí misma para ocupar el cargo de juez, y se ofrece a ser  una  especie  de  policía  feminista de las vidas y las opciones de las personas trans. Me opongo a este tipo de prescriptivismo, que a mí me parece aspira a convertirse en una especie de tiranía feminista.

Si ella hace uso de la construcción social como una teoría para apoyar su punto de vista, entonces está malinterpretando de muy mala manera los términos de la misma. En su opinión, una persona trans es “construida” por el discurso médico y por lo tanto es la víctima de una construcción social. Pero esta idea de los constructos sociales no reconoce que todos nosotros, como cuerpos, estamos en la posición activa de encontrar la manera de vivir con y en contra de las construcciones -o normas- que contribuyen a formarnos. Nos formamos dentro de vocabularios que no elegimos, y a veces tenemos que rechazar esos vocabularios o desarrollar activamente unos nuevos. Por ejemplo, la asignación de género es una “construcción” y sin embargo, muchas personas genderqueer y trans rechazan en parte o en su totalidad esas asignaciones. Esta negativa abre el camino para una forma más radical de autodeterminación, una que sucede en solidaridad con otros que están pasando por una lucha similar. Un problema con este punto de vista de la construcción social es que sugiere que lo que las personas trans sienten acerca de lo que es su género es, y lo que debería ser, es en sí mismo “construido” y, por lo tanto, no es real. Y entonces viene la policía feminista a exponer la construcción y disputar el sentido de la realidad vivida de una persona trans. Me opongo absolutamente a este uso de la construcción social, y lo considero una aplicación falsa, engañosa, y opresiva de la teoría.

CW: Recientemente, Gloria Steinem escribió:

“Así que ahora quiero ser inequívoca en mis palabras: yo creo que las personas trans, incluidas las que han hecho la transición, están viviendo vidas auténticas y reales. Esas vidas deberían ser celebradas, no cuestionadas. Sus decisiones acerca de su propio cuidado y su salud deberían ser de ellas y sólo a ellas les corresponde decidir. Y lo que escribí hace décadas no refleja lo que sabemos hoy día a medida que nos vamos alejando de sólo tener dos casillas binarias para “masculino” o “femenino” y comenzamos a vivir a lo largo de la totalidad de continuo humano de la identidad y la expresión.”

¿Podría comentar sobre la declaración de Steinem?

JB: Estoy completamente de acuerdo en que nada es más importante para las personas trans que tener acceso a una excelente atención de salud en entornos trans-afirmativos, tener la libertad legal e institucional para alcazar a tener sus propias vidas tal y como ellas lo deseen, y ver que su libertad y su deseo es afirmado por el resto del mundo. Esto ocurrirá sólo cuando se supere la transfobia en el ámbito de las actitudes y los prejuicios individuales y en las grandes instituciones de la educación, el derecho, la atención de salud, y el parentesco.

CW: ¿Qué cree que es lo que más tergiversa la gente acerca de sus teorías y por qué?

JB: No leo mucho de esos escritos, así que no lo puedo decir. Sé que algunas personas creen que yo veo el género como una “elección” en lugar de como un sentido esencial y firmemente fijado de quién es uno. Ese en realidad no es mi punto de vista. No importa si uno siente que su propia realidad de género y sexo está firmemente fijada o no tanto, cada persona debe tener el derecho de determinar los términos legales y lingüísticos de sus vidas vividas en sus cuerpos. Así que ya sea que uno quiera ser libre para vivir un sentido del sexo como algo “cableado” y fijo, o un sentido más bien fluido del género, eso no importa tanto como el derecho a ser libre para vivirlo abiertamente, sin discriminación, ni acoso, ni perjuicio, ni patologización o criminalización -y con total apoyo institucional y de parte de la comunidad. Eso es lo más importante en mi opinión.

CW: ¿Cree que los seres humanos tienen una experiencia innata y subjetiva de tener un cuerpo? Si es así, ¿parte de esa experiencia incluiría también el tener un cuerpo con características sexuales primarias?

JB: La mayor parte de lo que la gente dice acerca de estos asuntos es bastante especulativo. Sé que algunas de las experiencias subjetivas del sexo son muy firmes y fundamentales, incluso inmutables. Pueden ser tan firmes e inmutables que las llamamos “innatas.” Pero teniendo en cuenta que reportamos esa sensación de sí mismos dentro de un mundo social, un mundo en el que tratamos de utilizar el lenguaje para expresar lo que sentimos, no está claro que tipo de lenguaje puede hacerlo de forma más efectiva.

Entiendo que “innato” es una palabra que expresa el sentido de algo “cableado” y constitutivo. Supongo que yo me inclinaría a preguntarme si otros vocabularios pueden hacer el trabajo igual de bien. Nunca me gustó la afirmación de la inferioridad “innata” de las mujeres o los negros, y comprendí que cuando la gente intentaba hablar de esa manera, estaban tratando de “arreglar” una realidad social convirtiéndola en una necesidad natural. Y, sin embargo, a veces necesitamos de un lenguaje que haga referencia a una dimensión básica, fundamental, permanente y necesaria de lo que somos, y el sentido de estar en un cuerpo sexuado [“sexed embodiment”] puede ser precisamente eso.

CW: Algunos (como Milton Diamond) afirman que parece ser un problema genético el que puede dar lugar a la transexualidad. ¿Cuáles son sus pensamientos sobre estas afirmaciones?

JB: En las obras de Milton Diamond que he leído, he tenido que cuestionar su manera de entender la genética y la causalidad. Incluso si se pudiera encontrar una estructura de genes, ésta únicamente establecería un posible desarrollo, pero de ninguna manera determinaría ese desarrollo causalmente. La genética podría ser otra manera de llegar a esa sensación de estar “cableados” para un sexo o género en particular. Mi sensación es que puede que no necesitemos el lenguaje de lo innato o la genética para entender que todos estamos éticamente obligados a reconocer el sentido del sexo y / o género declarado o promulgado por otra persona. No tenemos que estar de acuerdo acerca de los “orígenes” de ese sentido de sí mismo para coincidir en que es éticamente obligatorio apoyar y reconocer los modos sexuados y de género de ser que son cruciales para el bienestar de una persona.

CW: Si el “género” incluye la forma en que experimentamos subjetivamente, contextualizamos, y comunicamos nuestra biología, ¿cree que vivir en un mundo sin “género” es posible?

JB: A veces hay formas de minimizar la importancia del género en la vida, o de confundir las categorías de género a fin de que ya no tengan un poder descriptivo. Pero otras veces el género puede ser muy importante para nosotros, y algunas personas realmente aman el género que han reclamado para sí mismos. Si se erradicara el género, eso también sería un dominio importante de placer para muchas personas. Y otras tienen un fuerte sentido de sí mismas ligado a su género, por lo que para ellas deshacerse del género sería destrozar su propia identidad. Creo que tenemos que aceptar una amplia variedad de posiciones en materia de género. Algunos quieren vivir libres del género, pero otros quieren ser libres para ser realmente de un género que es crucial para ser quienes son.

CW: He visto -especialmente en línea- personas que se identifican como “feministas críticas del género” (TERFs) afirmando que las mujeres transexuales no son otra cosa más que hombres mutilados. ¿Cuáles son sus pensamientos sobre el uso de “feminismo crítico del género” para hacer tales afirmaciones?

JB: No conozco ese término, pero rechazo totalmente la caracterización de una mujer transexual como un hombre mutilado.

En primer lugar, esa formulación supone que los hombres nacidos con esa asignación sexual son sanos, no mutilados. En segundo lugar, una vez más, pone en marcha al feminismo como fiscal de las personas trans. Si acaso está ocurriendo alguna mutilación en esta escena, es la que está siendo ejercida por la fuerza policial feminista que rechaza las vidas que las mujeres transexuales viven en sus cuerpos. La acusación en sí misma es una forma de “mutilación” como lo son todos los discursos transfóbicos como ése. Hay una enorme diferencia ética entre elegir la cirugía y enfrentarse a la condena transfóbica y a los diagnósticos. Yo diría que el mayor riesgo de mutilación que las personas trans experimentan proviene directamente de la transfobia.

CW: Muchas personas trans afirman que las mujeres pueden tener pene y los hombres pueden tener vagina. ¿Cuáles son sus pensamientos sobre esto?

JB: No veo ningún problema con que las mujeres tengan pene, y que los hombres tengan vagina. La gente puede tener cualquier característica primaria que tenga (ya sea dada o adquirida) lo que no necesariamente implica de qué el género serán o quieran ser. Para otros, las características sexuales primarias significan un género de forma más directa.

[CW cita a Julie Burchil feminista inglesa que critica a las personas trans: ]

“La interseccionalidad bien puede sonar como una desafortunada queja del intestino que resulta en el uso abundante de una bolsa de colostomía, y de hecho contiene una gran cantidad de excrementos. La Wikipedia la define como ‘el estudio de las intersecciones entre los diferentes grupos o grupos de minorías marginadas; específicamente, el estudio de las interacciones entre múltiples sistemas de opresión o discriminación’, lo que la hace parecer más bien como madura y digna. En realidad, se trata de hacer un manifiesto de las partes más repugnantes de ‘Mean Girls’ [en español la película “Chicas Pesadas’], en el que a las feministas en especial a las no blancas, se les anima a pasar por alto la tarea obvia de enfrentar el poder del patriarcado, en favor de quedarse quejándose del privilegio que se percibe tienen las mujeres blancas en términos de la textura del cabello y la forma del cuerpo. -Julie Burchill.”

CW: ¿Tiene usted alguna idea que comentar acerca de la “interseccionalidad”?

JB: Si te refieres a la importante contribución de la teoría feminista negra, entonces tengo muchas reflexiones. Ha hecho una importante contribución al análisis social y político, pidiéndonos a todos que pensemos en los supuestos de raza y clase que damos por sentados cuando hablamos de “mujeres” o qué supuestos de género y raza damos por sentados cuando hablamos de “clase”. Nos permite desmontar esas categorías y ver los distintos tipos de formaciones sociales y relaciones de poder que constituyen esas categorías.

CW: Se ha afirmado que si uno controla la forma en que uno se identifica y se comporta, uno puede cambiar la forma en que uno experimenta su cuerpo. Por ejemplo:

“El podía ver cómo yo era procesado por esto, que sólo ahora, me doy cuenta era demoníaco. Me arrodillé en el suelo del estudio, derramando lágrimas, me estaba ahogando, habían fuerzas que me decían que no lo hiciera, que saliera de allí; la libertad de ser mujer me esperaba, después de todo, yo había logrado tal progreso. Luché, lloré en voz alta, me arrepentí, me reprendí por lo que había pasado en mi vida … Todo esto sucedió hace 18 meses … les di mis maletas llenas de vestidos, ropa, maquillaje, etc. Esto me hizo sentir enfermo, pero era algo importante para mí hacerlo. Tenía que deshacerme de todo lo que me había detenido antes. Ellos dispusieron de mis cosas. Dejé de tener manicures, y me corté las uñas cortas, me creció una pequeña barba. Tiré todas las tabletas [de hormonas], y me alejé de todo lo que tuviera que ver con mis deseos. Le pregunté a mi pastor qué versículo podía yo leer todos los días para disfrutar de mi nueva libertad como hombre, padre y marido. Puse una hoja de papel al lado de mi cama, con versículos alentadores para leer cada mañana cuando me levantaba de la cama. Sabía que la mujer que estaba en mi interior ahora había muerto. El poder de Cristo la había destruido, y todo lo que ella representaba. Dieciocho meses después, el diablo seguía tratando de convencerme, pero él sabe que no voy a ir por ese camino, ya que las consecuencias para mi familia serían inmensas. Tengo la responsabilidad de hacerme cargo de varias personas, y estoy disfrutando de mi masculinidad. -La historia de Sam.”

En el ejemplo anterior, el individuo ha realizado un ritual diario como una práctica de negación y represión en la creencia de que va a cambiar la forma en que experimenta su cuerpo.

En lo que parece ser un enfoque un tanto similar [un texto de 1980, “Tecnología de los Aspectos Sociales y Eticos de la Cirugía de Transexuales,”] Janice Raymond escribió:

“En este documento se argumenta que el tema del transexualismo es una cuestión ética que tiene profundas ramificaciones sociales y morales. El transexualismo en sí es una cuestión profundamente moral, más que una respuesta médica técnica. Para concluir, me gustaría enumerar algunas sugerencias para el cambio y que se ocupan de los argumentos más bien sociales y éticos que he planteado en las páginas precedentes.

“Si bien hay muchos que sienten que la moralidad debe ser incorporada en la ley, creo que la eliminación del transexualismo no se conseguirá mediante la legislación que prohíba el tratamiento y la cirugía transexual, sino que la mejor manera de hacerlo será a través de una legislación que la limite y otra legislación que reduzca el apoyo que se le da a los estereotipos de los roles sexuales, lo que generó el problema en primer lugar..

“Plantearía preguntas como las siguientes: ¿Se va a aliviar el sufrimiento individual debido al género pagando a cambio el precio de la conformidad a los roles y la perpetuación de los estereotipos de rol a nivel social? Al cambiar de sexo, ¿el transexual fomenta una sociedad sexista cuya continua existencia depende de la perpetuación de estos roles y estereotipos? Estas y otras preguntas similares rara vez surgen en la terapia para transexuales en la actualidad.

-Raymond (1980), Tecnología de los Aspectos Sociales y Eticos de la Cirugía de Transexuales.”

En su comprensión del “género”, ¿cree usted que utilizando cualquiera de estos dos enfoques -ambos centrados en el control del comportamiento (a través de Dios y la terapia religiosa o bien a través de la legislación y la terapia de estereotipos de género) – sería posible eliminar la existencia de las personas trans?

JB: Creo que es responsabilidad de todos nosotros el deshacernos de estos dos enfoques -son dolorosos, innecesarios y destructivos. Raymond se establece a sí misma como juez de lo que la transexualidad es y no es, y nos encontramos en una especie de prisión moral cuando leemos su obra. Lo que es mucho más importante que cualquiera de estos enfoques conductistas o “morales” son todas las historias, poemas y testimonios, los trabajos teóricos y políticos, que documentan la lucha por lograr la autodeterminación de su vida en sus cuerpos tanto para los individuos como para los grupos. Lo que necesitamos son poemas que interrogen el mundo de los pronombres, abrir las posibilidades del lenguaje y de la vida; formas de política que apoyen y fomenten la auto-afirmación. Y lo que necesitamos es una alternativa política y festiva ante el discurso conductista, ante el discurso cristiano sobre el mal o el pecado, y ante la convergencia de ambos discursos bajo la forma de policías del género tiránicas y destructivas.

CW: ¿Cree usted que el “sexo” es una construcción social?

JB: Creo que hay una variedad de maneras de entender lo que es un constructo social, y tenemos que ser pacientes con términos como estos. Tenemos que encontrar una manera de entender cómo una categoría de sexo puede ser “asignada” a partir de los dos y luego otro sentido diferente del sexo nos lleva a resistir y rechazar esa asignación sexual. ¿Cómo entendemos ese segundo sentido del sexo? No es la misma que la primera – no es una asignación que otros nos dan. ¿Pero tal vez es una asignación que nosotros nos damos a nosotros mismos? Si es así, ¿no necesitamos un mundo de otros, de prácticas lingüísticas, instituciones sociales e imaginarios políticos con el fin de avanzar y reclamar precisamente aquellas categorías que requerimos, y rechazar aquellas que trabajan en contra de nosotros?

CW: ¿Qué cosa, si es que alguna, le gustaría que las personas trans tomaran de su trabajo?

JB: “El género en disputa” fue escrito hace unos 24 años, y en esa época yo no había reflexionado lo suficiente acerca de los temas trans. Algunas personas trans pensaron que al afirmar que el género es performativo yo estaba diciendo que todo es una ficción, y que el sentido que una persona tiene acerca de su género era por tanto, “irreal”. Esa no fue nunca mi intención. Yo buscaba ampliar nuestro sentido de lo que las realidades de género podrían ser. Pero creo que debí haber prestado más atención a lo que sienten las personas, a cómo registran la experiencia primaria del cuerpo, y a la demanda muy urgente y legítima para que esos aspectos del sexo sean reconocidos y apoyados. No fue mi intención argumentar que el género es fluido y cambiante (el mío, sin duda no lo es). Yo sólo quise decir que todos deberíamos tener mayor libertad para definir y seguir lo que queremos en nuestras vidas sin patologización, “des-realización,” acoso, amenazas de violencia, violencia y criminalización. Me uno a la lucha por hacer realidad un mundo así.

Conceptos trans

Hace una semana la cadena de televisión La2 de RTVE emitió un documental sobre niños transexuales titulado El Sexo Sentido. Unos días después, Nuria Gregory publicó su opinión en Pikara Magazin sobre este documental, criticándolo por exigir a los jóvenes que cambien su cuerpo en vez de exigir a la  sociedad  cambiar  la construcción binaria de género. Este artículo es un ejemplo muy claro de la confusión que todavía  existe  entre los  conceptos  que giran alrededor de lo trans.

Transexual no es lo mismo que transgénero que no es lo mismo que crossdresser…

A mi modo de verlo (y aquí puede que peque de observadora, siendo yo la compañera), la distinción se puede hacer de la siguiente forma:

  • Crossdresser:  una  persona  que  en  determinadas  ocasiones representa un género que no se corresponde con su sexo físico. El caso más visible es el de los hombres que se visten de mujeres (por ejemplo, los drag queens). Juegan con los roles, quizás hasta los deconstruyen. No pretenden cambiar su cuerpo ni vivir a tiempo completo según el género que no se corresponde con su sexo físico.
  • Transgénero: una persona que se identifica con un género que no se corresponde con su físico, pero que no siente rechazo por su propio cuerpo. Puede que viva a tiempo completo según el género con el que se identifica, pero sin afán de tomar hormonas o someterse a cirugías invasivas.
  • Transexual: una persona que se identifica con un género que no se corresponde con su físico y que quiere cambiar su cuerpo para que esté alineado con su visión personal sin importar lo que digan los demás, es decir, al margen de si tienen o no el apoyo de su comunidad, siguen queriendo cambiar su sexo.

Poco después leí en Facebook el siguiente texto en el muro de una amiga. me impactó tanto que le pedí permiso para publicarlo aquí. Y aquí os lo transcribo:

“Voy a contaros una pequeña historia que creo que encaja bastante bien con todo el asunto del documental de la 2 de TVE, “El Sexo Sentido”, y con la posterior respuesta de Pikara Magazine.

Hace unos meses asistí a una fiesta. Entre las demás personas asistentes había dos crossdressers femeninas, que, en cuanto me reconocieron como mujer transexual, vinieron a hablar conmigo y a confraternizar.

Me preguntaron por mi proceso. Me preguntaron por mis hormonas; qué efectos tenían, qué era lo que yo notaba, cómo era que me había dado por operarme. Quizá fue mi percepción, pues soy un poco susceptible en lo que a mi intimidad y mi transición respecta, pero quizá noté expresiones de asombro en sus caras, al ver que yo hablaba de la hormonación y la cirugía con total tranquilidad y normalidad. Los comentarios eran los habituales: “Yo no podría”, “qué valiente has tenido que ser”, “no puedo entenderlo”, “es que a mí me gusta mi cuerpo  de  chico,  pero  me  gusta vestirme”.

Una de las crossdressers comentó que ella a veces quería “experimentar” (sic) con hormonas, para saber qué se sentía. La otra le dijo que no lo hiciera, que ya estaba bien como estaba y que no necesitaba probar eso. Le dijo que las hormonas además eran adictivas y que le causarían efectos no deseados. Yo le dije también que no lo hiciera, salvo que deseara cambiar su cuerpo. Y como ella se sentía a gusto con su cuerpo, y tan sólo le gustaba vestirse, las hormonas no eran para ella.

Entre tanto, otros asistentes que no eran ni transexuales ni travestis pasaban cerca y decían cosas: “¡Qué bien ver que os habéis juntado todas!”, “Aquí estáis las tres hablando de vuestras cosas!”.

Ni que decir tiene que a mí todo esto me resultó bastante chocante. Por un lado, la reacción de la gente ajena era la de meterlo todo en el mismo saco. Lo mismo les daba travesti que transgénero que transexual. Allí sólo veían tíos con faldas.

La sutileza de que había dos personas que estaban ejecutando un rol de género no normativo y otra persona que sí estaba ejecutando un rol de género normativo, pero acorde a una identidad sexual no normativa se les escapaba.

Por otro lado, me pareció que la reacción de las crossdressers también era un tanto de extrañeza. Una de ellas sí que quizá entendía que yo no iba del mismo palo, pero me miraba como advirtiendo a la otra de que yo estaba en un nivel de chunguez en el que mejor no adentrarse. La otra creo que no terminaba de entender que no estábamos hablando de lo mismo.

Creo que lo que he visto esta semana con respecto al documental y al artículo no es ni más ni menos que esto.

El documental habla de personas transexuales. El artículo habla de personas transgénero.

El documental habla de personas transexuales. Son personas como yo, que desde pequeñas saben que su cuerpo no les cuadra; que saben que, cuando llegue la adolescencia, sus cuerpos se convertirán en su peor pesadilla. Son personas que querrían que existiese una píldora mágica que les convirtiese rápida e indoloramente en lo que en sus mentes saben que son, y que, a falta de esa píldora, recurren a las posibilidades que la medicina ofrece: hormonación y cirugía.

Y el artículo habla de personas transgénero. Personas que vivirían felices si les dejasen actuar según los roles que ellas eligiesen. Personas que querrían poder acceder al cambio legal de sus documentos, y al reconocimiento social de su rol de género. Pienso en esa chica crossdresser que está completamente feliz con su cuerpo y con su pene, y que, sin embargo, desearía poder vivir de acuerdo a su rol elegido.

 Aquí hay dos conflictos. Hay dos realidades distintas que se funden en una simplemente porque los de fuera, en su desinterés, (o en su interés utilitario para apuntalar sus propias creencias y justificar sus metas), no prestan la suficiente atención a lo que está pasando.

Que haya gente que por desesperación ante la imposibilidad de obtener su estátus legal y social deseado recurran a la hormonación y a la cirugía me parece triste y doloroso. Es una encerrona del sistema, sin duda. Y por eso pienso que el sistema debe cambiarse. Cada cual debería poder llamarse y ser llamado por el nombre que elija, y nadie, (¡nadie!) debería entrometerse en sus decisiones personales. Entiendo que el artículo de Pikara se refiere a estas personas.

Sin embargo, tanto el artículo de Pikara como el contexto de donde procede yerra el tiro completamente. En su pretensión de defender una sociedad libre de roles de género impuestos (lo cual me parece loable), se llevan por delante a nuestro colectivo, y atacan a la comunidad médica que nos ayuda. Blandiendo su teoría de género que todo lo explica, pretenden explicarnos a nosotros, a nosotras también. Y la única explicación que la teoría de género puede ofrecer acerca de nuestra realidad es, simplemente, que no existimos; que somos el producto de una sociedad opresiva.

Por este motivo, el documental de TVE es absolutamente imprescindible. Al público, a la gente de fuera, le resulta completamente ajeno, incomprensible, marciano, demente, lo que nos pasa por la cabeza a las personas transexuales. No son capaces de entender cómo es posible tener semejante conflicto entre cuerpo y mente. No son capaces de imaginar qué es lo que nos lleva a querer cambiar la química de nuestros cuerpos, o a pasar por el quirófano.

Por eso es primordial visibilizar nuestra realidad; porque ese conflicto ocurre , y cuando no tienes información sobre esto te explota la cabeza.

Porque una persona transexual ya podrá vestirse como sea; y aunque sea aceptada socialmente, y  ponga  lo que  ponga  en  sus  documentos,  necesitará verse en su intimidad, desnuda, como su mente siente que es. Y el negar esta información, el pretender que debemos esperar a tener madurez, el “es una fase”, cuando la certeza ya la tenemos, es cruel. Es cruel y es doloroso y nos condena a sufrir durante toda nuestra vida, porque hay cambios que no se pueden deshacer.

El documental de TVE es necesario, porque necesitamos poder vernos en otra gente. El artículo de Pikara pretende mostrar otra realidad distinta, de otras personas distintas, pero lo hace de una forma agresiva, y lo hace cuestionando nuestra propia realidad e invisibilizándonos.

Yo me he pasado mi vida sin saber qué soy. Sí he sabido qué es lo que no soy. Yo no soy transgénero. El que en mi DNI ponga Claudia*, el que los demás me reconozcan como mujer, no me sirve. No me sirve de ninguna de las maneras, porque al llegar a casa y desnudarme, mi pecho sigue siendo musculoso y hay un pene entre mis piernas. No me sirve, porque mi pelo se cae, porque me sale barba, y porque mi voz es grave.

Yo soy una mujer transexual. Hasta que no tuve treinta años no conocí a alguien como yo, alguien con quien pude hablar e identificarme. Treinta malditos años de mi vida. Y para entonces, mi cuerpo ya estaba hecho. A mí nadie va a devolverme mi voz de soprano, nadie va a darme unos hombros más pequeños. Trivialidades, me dirán. Ser mujer no implica tener un tono de voz o tener un ancho de espaldas. Género. Yo no hablo de género. Yo hablo de mi cuerpo. Mi cuerpo. Y eso, (lo siento mucho), no es asunto vuestro.”

Y es por eso por lo que no opino cuando me preguntan qué pienso sobre los planes de A. en referencia a la hormonación y la cirugía. Es un asunto tan, pero tan íntimo que lo tiene que decidir él: cuándo, dónde y cómo de lejos quiere llegar. En este caso mi papel es de apoyo: le apoyo en su decisión, sea cual sea. Porque su cuerpo es suyo. Y como mujer, no, como persona, considero el derecho a decidir sobre el propio cuerpo como básico e invulnerable.

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*he cambiado el nombre para mantener su anonimato.