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Disforia por un pelo

Alex se ha cortado el pelo. Hasta ahora llevaba el pelo corto, pero no mucho. Tenía aire de masculino, pero un masculino adecuado para una lesbiana. Le permitía permanecer invisible en público al no cuestionar demasiado el genero asignado por los demás.

Ahora lleva un corte de hombre. Y punto. El corte acompaña los cambios fisiológicos resultado de la testosterona. Lu voz que ha bajado una octava, los primeros pelos tímidos que aparecen en su rostro, la grasa que poco a poco desaparece de las caderas.

Y de repente su pecho, de tamaño considerable, se ha convertido en el punto de mira – tanto suyo como de los demás.

Disforia interna

Nunca le gustaron sus pecho, pero ahora le molestan. Desde que se ha cortado el pelo utiliza el binder todos los días, por muy incómodo que sea el procedimiento. Está consciente de que no es una solución a medio plazo. Cuando suban las temperaturas, el binder deja de ser una solución cómoda.

El miedo a la cirugía ha dado paso a una nueva experiencia de disforia – y a la búsqueda de una fecha más cercana para acabar con el problema. De Agosto ahora estamos hablando de Mayo.

La razón principal: la reacción de los demás. Los pechos ya no encajan con la nueva identidad en construcción que necesita validarse en publico.

Disforia externa

Tomando un café nos damos cuenta que los de la mesa al lado nos observan. De camino a la caja escuchamos que están hablando sobre “la moda de las personas trans”. Alex se siente incómodo y observado.

En correos no le quieren entregar un paquete, porque obviamente no es él la chica del DNI.

En el lavabo de chicas le miran raro. Y en el de chicos también. Ahora prefiere utilizar el lavabo de las personas con problemas de movilidad. Y le da mucha rabia no saber en dónde encaja.

¿Disforia?

 

Alex se mira en el espejo. Los pechos no encajan. Nunca les ha tenido mucho cariño, pero ahora le molestan. Le molestan porque le delatan. Porque generan dudas en las otras personas sobre si se trata de un hombre o una mujer.

A veces me pregunto cuanto realmente influye la sociedad en lo que sienten Alex y las demás personas trans*. Si nadie le mirara mal por tener pechos, ¿sentiría la misma urgencia de quitárselos? Si nadie comentara a sus espaldas (y en voz alta) sobre “esto de los trans”, si no tuviera que defender su decisión de hacer la transición frente a personas aleatorias, ¿seguiría siendo una necesidad tan urgente?

El mundo sigue siendo binario y moverse fuera de esta matriz resulta imposible. Los demás quieren que encajes. Y si no encajas, ya se encargarán en encajarte, y de hacerte saber cuál es tu fallo.

Con o sin pechos, el DNI tendrá que esperar a Noviembre… podrá escaparle a los comentarios aleatorios en público, pero solo mientras no tenga que enseñar el DNI.

Creando un género a base de contrastes

En terminología gay soy una femme. Soy lo suficientemente femenina como para pasar por heterosexual si así lo deseo. En la práctica eso supone tener el don de volverme invisible, como si siguiera en el otro lado. Como he salido con hombres conozco muy bien el juego del cortejo. No me da miedo ni asco y tengo práctica en lo que llamaría el flirteo heterosexual. Es esa falta de temor ante la presencia masculina la que en contextos mixtos me convierte a ojos de los demás en heterosexual. Bi no cuenta, a no ser para hacer de mi una traidora.

Mientras tanto, en ese mismo contexto heterosexual soy muy cabezota, una feminista con carácter. Más te vale que te busques tu propia cerveza y que friegues tus propios platos, yo no estoy. para eso La igualdad de género es parte de mi ADN, algo que no resulta extraño ya que fue mi padre quien me crió.

El reto ahora está en que mi feminidad ya no es solo mía, sino que repercute directamente en la masculinidad de mi pareja, sobre todo en esta fase previa a la transición física.

Para A. es importante que yo parezca femenina, que me comporte según ciertos estereotipos asociados a la  mujer.  Al  tener  yo  una imagen tan de mujer, resalta aún más que él no lo es y, por tanto, que es más hombre. Desde un punto de vista racional, lo entiendo. Los géneros siempre se han construido en base al contraste, a la yuxtaposición entre un género y el otro (aunque tradicionalmente lo femenino ha sido la negación de lo masculino y no al revés). Aun así hay días en que quiero poner el grito en el cielo porque me da rabia que parezca que soy yo “la que se ocupa de la casa”. Mientras que con mis exparejas masculinas siempre hubo un acuerdo tácito que rezaba: quien cocina no limpia, ahora todo el trabajo recae en mi. Hay días en los que no me importa (paso más tiempo en casa), pero también hay otros en los que tengo ganas de tirar la fregona por la ventana.

Yo me ocupo de la casa, él paga la cena; yo lavo la ropa, él me lleva al teatro; yo cocino, él coloca las cortinas. Quizás es por eso por lo que me resulta tan importante ser YO quien conduzca la mayoría de las veces. Es mi pequeño espacio de autonomía.

Quiero encontrar una forma en la él pueda ser partícipe de las tareas “tradicionalmente femeninas” sin que lo vea como un ataque a su masculinidad. Es una negociación que se prolonga día tras día; me pregunto si con la OP cambiará…

Él o ella. Depende

En casa es él. En presencia de sus padres todavía es ella. De cara a sus amigos es él. En compañía de sus compañeros de despacho es él o ella dependiendo de con quién esté. Para mis padres es él aunque rezan a diario para que vuelva a ser ella. Para uno de mis hermanos es ella, se niega a que alguien sin pene en el momento de nacer sea un verdadero hombre (me lo dijo tal cual). Para mi otro hermano es él, aunque no lo entiende bien (pero tampoco le preocupa, eso es cosa mía).

Si  me equivoco  se enfada  porque he puesto  en  peligro  su masculinidad o porque he hablado demasiado, según el caso. Tengo suerte de ser extranjera. Los que no lo saben se lo explican apelando a mi falta de conocimiento del español o a que no han entendido mi acento. Pobrecita, se habrá equivocado.

Sueño con él, hablo con él, pero cada dos por tres tengo que  controlarme, corregirme y hablar de ella porque están presentes su abuela, sus padres o algún vecino. En este sentido estoy aún más ansiosa que él por que empiece ya la transición y se acabe esta ambigüedad.