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Cuestiones de identidad

El día que empiezas a salir en serio con una chica, el mundo te lee como lesbiana.

Cuando esta chica decide seguir adelante con el cambio de sexo y emerge como hombre, te has convertido en hetero.

Si un día te separas, seguirás siendo hetero a ojos del mundo hasta que demuestres lo contrario, saliendo nuevamente con una chica. Los roles tradicionales son así de fuerte.

Si decides no separarte del todo, pero sí volver al mundo de ligar – entonces la cosa se complica.

Convivir con un hombre me convierte en heterosexual, independiente de mi propia realidad y mis deseos.

Imagínate el perfíl en Tinder: mujer, busca mujer, con dos hijos, convive con el padre. Da igual que orden le das a la información. El momento que aparece un hombre en la ecuación, como mucho de mereces la etiqueta de “mujer confundida”. ¿Cómo vas a ser “realmente” bi (aún alguien me tiene que explicar como se puede ser “irrealmente bi”), si vives con un hombre? ¿Cómo te pueden interesar las mujeres, si tienes hijos?

La solución fácil sería explicar que mi pareja / compañero / amigo con derecho / ex(?) es trans y lo conocí como mujer.

¿Y si no quiero dar explicaciones sobre la sexualidad y el genero de otra persona para explicar lo que me gusta a mi?

Así que permíteme mentirte si nos acabamos de conocer. Evitaré el tema hasta que nos conozcamos un poco mejor. Pero si me preguntas en la primera cita “oye, eres lesbiana”, te diré que si. Porque a veces hasta yo me canso de tener que dar explicaciones y gestionando políticas de identidad y genero. Ya te lo explicaré más adelante que las cosas no son así de blanco/negro.

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Pasando por lesbiana

Hemos hecho un viaje en grupo. Un viaje para mujeres lesbianas. Durante una semana A. volvió a su papel de lesbiana y por lo tanto yo me transformé también en lesbiana. Fue una experiencia muy curiosa.

Normalmente nos movemos más en círculos heterosexuales, no solo por vivir en la ciudad donde vivimos sino también porque yo soy la más social de la pareja y mi círculo de amigos es más heterosexual que gay, quizás porque toda esta distinción siempre me ha dado bastante igual.

También es más fácil ser bisexual en un mundo heterosexual que en un mundo gay. A los heteros les parece curioso pero a los gays les parece un insulto o una traición, así que intento evitar el tema en esos círculos.

En este viaje fui lesbiana por las circunstancias.

Lo que me resultó más difícil fueron los pronombres. Estoy tan acostumbrada a referirme a A. en masculino que me lié más de una vez. Menos mal que soy extranjera y que por eso los demás piensan que, simplemente, no domino los tecnicismos del idioma. Además no tengo gaydar, es decir, no detecto sin más a las entendidas. Necesito a A. para navegar por este mundo porque sino no me entero. Esto, a los ojos de A., me convierte en heterosexual, una etiqueta que tampoco me sienta muy bien  porque no es la primera vez que me he enamorado de una mujer (la última era heterosexual, así que tampoco me sirvió de mucho).

Me llevé bien con el grupo pero al mismo tiempo me di cuenta de que me falta una buena dosis cultural para terminar de integrarme. Ser lesbiana y parecer lesbiana no es lo mismo. Quizás es lo más cerca que he llegado a estar de la experiencia de A. de ser y parecer. Él es hombre pero todavía no lo parece. Todavía.