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Creando un género a base de contrastes

En terminología gay soy una femme. Soy lo suficientemente femenina como para pasar por heterosexual si así lo deseo. En la práctica eso supone tener el don de volverme invisible, como si siguiera en el otro lado. Como he salido con hombres conozco muy bien el juego del cortejo. No me da miedo ni asco y tengo práctica en lo que llamaría el flirteo heterosexual. Es esa falta de temor ante la presencia masculina la que en contextos mixtos me convierte a ojos de los demás en heterosexual. Bi no cuenta, a no ser para hacer de mi una traidora.

Mientras tanto, en ese mismo contexto heterosexual soy muy cabezota, una feminista con carácter. Más te vale que te busques tu propia cerveza y que friegues tus propios platos, yo no estoy. para eso La igualdad de género es parte de mi ADN, algo que no resulta extraño ya que fue mi padre quien me crió.

El reto ahora está en que mi feminidad ya no es solo mía, sino que repercute directamente en la masculinidad de mi pareja, sobre todo en esta fase previa a la transición física.

Para A. es importante que yo parezca femenina, que me comporte según ciertos estereotipos asociados a la  mujer.  Al  tener  yo  una imagen tan de mujer, resalta aún más que él no lo es y, por tanto, que es más hombre. Desde un punto de vista racional, lo entiendo. Los géneros siempre se han construido en base al contraste, a la yuxtaposición entre un género y el otro (aunque tradicionalmente lo femenino ha sido la negación de lo masculino y no al revés). Aun así hay días en que quiero poner el grito en el cielo porque me da rabia que parezca que soy yo “la que se ocupa de la casa”. Mientras que con mis exparejas masculinas siempre hubo un acuerdo tácito que rezaba: quien cocina no limpia, ahora todo el trabajo recae en mi. Hay días en los que no me importa (paso más tiempo en casa), pero también hay otros en los que tengo ganas de tirar la fregona por la ventana.

Yo me ocupo de la casa, él paga la cena; yo lavo la ropa, él me lleva al teatro; yo cocino, él coloca las cortinas. Quizás es por eso por lo que me resulta tan importante ser YO quien conduzca la mayoría de las veces. Es mi pequeño espacio de autonomía.

Quiero encontrar una forma en la él pueda ser partícipe de las tareas “tradicionalmente femeninas” sin que lo vea como un ataque a su masculinidad. Es una negociación que se prolonga día tras día; me pregunto si con la OP cambiará…