Mis deseos para el 2016

Haciendo la planificación del nuevo año, me doy cuenta de que es normal ponerse objetivos personales y profesionales que requieren dedicación, cambio de hábitos y mucha energía. Así que hoy quiero recordar la importancia de cuidar de mi misma, de asegurarme de que yo esté bien, de que yo tenga el espacio y el tiempo necesario para recargar mis pilas, para dedicarme a las actividades que me hacen ilusión.

Últimamente me he visto en una espiral de sentirme responsable por todo y olvidarme de que ante de todo mi prioridad tengo que ser yo. Sólo si yo estoy bien, puedo apoyar y ayudar a los que me rodean y que necesitan este apoyo.

Eso incluye de que Alex tendrá que poner su granito de arena. Yo me comprometo de decir con claridad lo que yo necesito. Y él tendrá que aceptar que no soy su madre y que si no pone sus calcetines en la cesta de ropa por lavar… tendrá que ponerse calcetines usados (aparte de que, a nivel practico, con la barriga de embarazada que luzco en este momento recoger algo del suelo me cuesta horrores).

Así que este año quiero ser más egoísta y más asertiva aunque sea para encontrar el equilibrio en nuestra relación, porque conforme aumenta la autoestima de Alex yo me quedo cada vez más al margen. Es interesante como se ve afectado la propia voz y la propia identidad por los cambios del otro…

 

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Binarios, benditos binarios

¿Por qué dividimos el mundo en binarios… y de paso juzgamos quién no se ajusta a estos binarios?

Sexo

Definición de sexo: los marcadores externos (o quizás genéticos) que definen si eres hombre o mujer. Por ejemplo: el pene, los pechos, la barba.

Binarios de sexo: masculino frente a femenino.

¿?: Los intersex solo están permitidos hasta que tengan la edad de decidir lo que son.

Género

Definición de género: los marcadores sociales (que pueden o no ser físicos) que se entienden en la sociedad como partes constituyentes de ser hombre o mujer. Por ejemplo: el vestido de boda es para las mujeres y los hombres llevan las maletas.

Binarios de genero: masculino frente a femenino.

¿?: Creo que en español no existe una palabra para genderqueer… ¿quizás andrógino? Lo que pasa aquí, al igual que en otras partes, es que la gente se pone nerviosa cuando no sabe a la primera en qué extremo ubicarte.

Identidad sexual

Definición de identidad sexual: lo que sabes que eres / sientes que eres a nivel de género / sexo. Es la respuesta inmediata si alguien te preguntara por tu sexo. Puede o no coincidir con tu sexo biológico.

Binarios de identidad sexual: cisgénero (cuando el sexo biológico y la identidad sexual están alineados) frente a transgénero (cuando el genero y el sexo biológico no están alineados)

¿?: Por ejemplo, no todos los Cross Dressers quieren cambiar de sexo, algunos simplemente quieren vivir su personalidad del sexo opuesto en entornos seguros. ¿Por qué no me puedo sentir hombre de vez en cuando sin que eso invalide mi identidad ni la de los “hombres de verdad”?

Orientación sexual

Definición de orientación sexual: preferencia a nivel físico y emocional del sexo con el que quieres acostarte

Binarios de orientación sexual: heterosexual (resultando en parejas hombre / mujer) frente a homosexual (resultando en parejas hombre / hombre o mujer / mujer)

¿?: Yo soy bisexual, aunque la policía de la orientación sexual me dice cada dos por tres que soy una lesbiana  que  ahora  se  está  transformando en heterosexual en virtud del cambio de sexo de mi pareja. (¿Cómo “pruebas” que eres bi?)

Otros signos de interrogación: las combinaciones poliamorosas, las personas que no tienen ningún interés en ningún tipo de sexo…

¿Aún insistes en que el mundo es blanco o negro?

El sexo opuesto como frontera

El otro día acompañé a Alex a una sesión de terapia en grupo para personas transgénero y sus parejas / familiares. Me impresionó la cantidad de jóvenes en el grupo, todos con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Al igual que en YouTube e Instagram, los trans más visibles son los más jóvenes. No tienen miedo a las nuevas tecnologías ni (aún) miedo a perder su estatus o reconocimiento. Es más fácil cambiar de sexo si tienes veintitrés años y vas a la universidad que si tienes treinta y cinco y trabajas como programador en una empresa privada.

¿O estoy quizás esperando demasiado? Lo que más me chocó en este grupo fueron las constantes referencias al binario de los géneros. Entiendo que, desde un punto de vista psiquiátrico, el punto de partida será siempre el sexo binario para así lograr el encaje en un tratamiento estandarizad. Incluso los intersex sólo se consideran como tales después de que hayan anunciado su “verdadero” género.

Como socióloga que dio su primeros pasos en la teoría del género a partir de Géneros en disputa (un clásico de Judith Butler) y Cyborg Manifest de Donna Haraway (traducción) estos binarios inamovibles me desesperan en mis días más benévolos y me enfurecen en los más estresados.

De una persona trans espero, no, exijo, una tolerancia especial hacia lo fluido, lo diferente, lo no-normativo. Y aún así me doy cuenta de que, muchas veces, las personas trans son los mayores enemigos de esta fluidez. Parece que su identidad “real” dependa de una idea estática del sexo y género como entidades definidas e inamovibles que solo permiten la ambigüedad durante el proceso de cambio de un sexo al otro.

Desde que Álex ha decidido que hará el cambio de sexo, cualquier lesbiana masculina es clasificada como “trans que aún no se ha dado cuenta“. A mí me recomienda que empiece a maquillarme, porque “las mujeres deberían cuidarse más“.

De repente, el sexo depende de unos marcadores externos definidos por la sociedad, esa misma sociedad que le “obliga” a cambiar de sexo porque no puede vivir con la idea de que una mente masculina viva en un cuerpo con características femeninas. Eso conlleva un rechazo de lo femenino que me genera mucha tristeza.

“Es que todas las mujeres hacéis eso.”
“eso es tan típico de las mujeres.”
“Sois todas unas manipuladoras.”

Tengo la impresión de que, como lesbiana, Álex nunca hubiera dicho esas frases, porque como lesbiana era parte del colectivo de mujeres y por lo tanto apreciaba mucho más las diferencias entre ellas. Desde que es oficialmente un hombre, las mujeres se han convertido en un elemento que marca la diferencia, en una frontera que al ser “el otro” valida su propia identidad. De repente, los hombres son individuos, mientras que las mujeres somos “todas iguales” y como mucho tenemos el papel de demostrar que él NO es una mujer.

Esta misma actitud la vi en muchos de los chicos y chicas trans del grupo de apoyo. Copian conductas porque “se supone” que es lo que hacen los hombres / las mujeres. Rechazan aspectos de sí mismos que a lo mejor pueden contradecir su “verdadero género”. Mientras que existen proyectos para educar a los niños en la aceptación de sus emociones para comprender que ser vulnerables no es lo mismo que ser débiles, los chicos trans hacen de todo para no parecer “débiles como si fueran una mujer”. Es el mundo al revés… pero el mundo de 1 930.

El sistema de la Seguridad Social ofrece a los chicos y chicas trans algo así como seis sesiones de terapia de grupo sin demasiado contenido preestablecido. Se tratan sobre todo cuestiones prácticas: cómo se lo ha tomado tu madre, cuánto tiempo lleva que crezca la barba, cómo van las listas de espera para las operaciones… falta  formación a nivel de teoría de género.

Siempre he pesado que las personas trans tienen una gran ventaja frente a alguien que, como yo, “solo” ha estudiado la teoría queer: son los únicos que realmente han podido vivir la experiencia del otro género. Me cuesta aceptar que tener una experiencia no signifique aprender o reflexionar sobre la misma. ¿A lo mejor eso llega con la edad?

Esta debería ser una pregunta obligatoria para todas las personas trans: ¿Qué has aprendido al haber vivido en el género / sexo opuesto? ¿Qué te ha gustado de la experiencia? ¿Qué te parece injusto / mejorable?

La alternativa es que todos los chicos trans sean felices por poder contar con los privilegios de ser hombres (muchas veces sin entender muy bien qué significa tener estos privilegios), mientras todas las chicas trans se convierten en Barbies  para  cumplir  con  las  exigencias físicas de un mundo aún demasiado machista.

Se necesita autorización: mastectomía masculina

Imagina que eres una mujer. Tienes los pechos muy pequeños, algo que te molesta. Quieres sentirte más femenina, más deseada, más sexi. Quizás te quieres poner esa ropa que sale en los anuncios.

Así que decides aumentarte los pechos.

Vas a una clínica privada, te preparan un presupuesto y un mes más tarde ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

Fin de la historia.

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Ahora imagina que eres una mujer. Tienes los pechos enormes, algo que te molesta. No puedes hacer deporte, tu columna vertebral sufre y tienes dolores crónicos debidos a tu mala postura.

Así que decides reducirte los pechos.

Vas a una clínica privada o pública (en este último caso habiendo pasado primero por tu médico de cabecera, un psicólogo y finalmente por la consulta del cirujano), te ofrecen el presupuesto / entras en la lista de espera y al mes / cuando te toca ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

¡Ojo! En este caso y tal y como lo describen las páginas web del sector: “El objetivo es dar a la mujer un pecho más pequeño y más proporcionado al resto de medidas de su cuerpo.” Es decir, el tamaño lo decidirán los profesionales.

No queremos que acabes con un físico demasiado… ambiguo, ¿cierto?

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Ahora imagina que eres un hombre. Tus pechos  son  un  poquitín  más  grandes  que  la  media  y  has  recibido  algún  comentario  al  respecto que ha herido gravemente tu autoestima. No te gusta ir por el mundo con unos pechos tan afeminados.

Así que decides reducirte los pechos.

Vas a una clínica privada, te informan del presupuesto y un mes más tarde ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

Fin de la historia.

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Ahora imagina que eres un hombre en un cuerpo de mujer. Tus pechos son una de las razones más importantes por las que en público se te considera una mujer (quizás a la par con el hecho de que no tengas barba).

Así que decides quitarte el pecho.

Y aquí termina la historia. Porque antes de extirparte los pechos tienes que pasar por la unidad de género (que normalmente forma parte de la unidad de psiquiatría) donde confirmarán que “sufres” de disforia de género. El psiquiatra te enviará al endocrino que te recetará hormonas y seis meses después de iniciar la hormonación podrás quitarte los pechos como pronto. Si vas por la Seguridad Social tendrás que contar con varios meses adicionales en la lista de espera.

Así que irás por el mundo con voz de hombre, barba de hombre, postura de hombre y caída de pelo de hombre… y tus tetas escondidas debajo de un binder que no te deja respirar.

Fin de la historia.

Moraleja: si quieres reforzar los estereotipos del género que te fue asignado al nacer, nadie te va poner la más mínima pega. Ahora bien, si tu decisión puede generar desconcierto o inseguridad sobre tu género, entonces tienes que pasar, como mínimo, por la consulta del psiquiatra.

Porque nada es más importante que la gente no se confunda entre él y ella. Tu identidad en este contexto es secundaria.

O eso parece.

6 días con testosterona

Hasta ahora, todo era teoría. Teoría del género, teoría de las  identidades, teoría de la percepción social. Si una mujer sale a la calle con ropa de hombre como mucho la ven como lesbiana muy butch,  pero sigue estando dentro de la categoría binaria hombre / mujer. El cuerpo físico tiene predominio sobre el yo y hasta a nuestros amigos más cercanos les cuesta acertar el  género  correcto  (el  español  no  ayuda con su manía de concordar los adjetivos con el género “oficial” de la persona).

Hace una semana que Álex ha empezado a bailar sobre la cuerda floja que une los opuestos femenino / masculino. El pasado viernes ha emprendido su viaje hormonal  al  otro  lado,  aplicándose  testosterona en gel todas las mañanas.

Información “técnica”: Testim

Álex no es muy fan de las jeringuillas, así  que  por  el  momento  ha  optado por el uso de testosterona en gel a diario en lugar de la inyección bisemanal. El prospecto del gel Testim lo define como  un medicamento para el tratamiento de la infertilidad o problemas en los niveles de testosterona de los hombres. Con algo de creatividad podríamos incluir la disforia de género en esta última categoría.

El gel se tiene que aplicar todos los días sobre la piel, cambiando de zona cada día para no irritar la piel. Son diez a quince minutos extra de tiempo que Álex tiene que añadir a su rutina matutina. La novedad todavía le inspira, aunque  a  largo  plazo  no  me  sorprendería que se pasara a las inyecciones a pesar de las agujas. Una vez cada quince días no es lo mismo que a diario.

Más allá de estas observaciones generales, me llamó mucho la atención este apartado:

Embarazo, lactancia y fertilidad.
Testim Gel no está destinado a ser utilizado en mujeres.
Las mujeres embarazadas deben evitar el contacto de su piel con las zonas de aplicación de Testim Gel en los hombres, ya que la testosterona puede dar lugar a la aparición de caracteres sexuales secundarios masculinos en el feto femenino.
[…]
Si su pareja está o se queda embarazada, usted debe seguir las instrucciones que aparecen en el apartado ‘Cómo evitar la transferencia de Testim Gel a otras personas’ que figuran en la otra cara de este prospecto.

Recordemos que yo estoy embarazada de veintisiete semanas…

Por el momento lo hemos resuelto de una forma muy práctica: hay dos cuartos de baño. Uno es el de la testosterona y el otro es el mío. Álex se unta el gel antes de ir a trabajar con lo que durante su jornada transcurren las seis horas mínimas de máximo riesgo. Además me avisa siempre por si acaso de en qué lugar se ha puesto el gel ese día.

Observaciones personales

Apenas ha pasado una semana, así que todavía no puedo opinar sobre si hay cambios o no. Él dice que su piel está mucho más suave. Yo le noto más relajado, aunque eso también puede deberse a que está en el inicio de su ciclo menstrual. Por supuesto aún menstrúa (la semana  roja siempre  conlleva  un  montón  de  conflictos  porque  siente una rabia inexplicable hacia el mundo y hacia sí mismo), así que el vaivén de las hormonas femeninas aún le afecta.

La libido aun no se ha manifestado. Dicen que puede subir por la testosterona o bajar como efecto secundario del Testim. El tiempo lo dirá…

¿Cómo me siento yo, ahora que ha empezado el tratamiento?

Una parte de mí está asustada porque no sé lo que me espera. Otra parte de mí se siente curiosa y feliz porque  por fin pasamos de la teoría a la práctica. Vivir en un futuro imaginario (“cuando empiece con la testosterona”, “cuando me haya quitado los pechos”, “cuando…”) es bastante agotador. Ahora, con este primer paso, todo lo que está por venir se puede ordenar de forma lógica, por lo que se puede planificar. Un poquito.

¿Y la operación?

Uno de las planes que ahora podemos encarar es la mastectomía. Y digo “podemos” porque alguien tendrá que cuidar de Álex después de la operación. Se supone que los pacientes pueden irse a casa veinticuatro horas después de la intervención, pero la recuperación lleva entre dos semanas y un mes, incluido el cambio regular de fajas.

Hay que esperar seis meses desde el inicio del tratamiento hormonal para poder realizar esta operación. Si  lo  haces  a  través  de  la  Seguridad Social te tocan dos años de espera: dos años en los que la persona trans ya tiene cara de tío pero a lo mejor va por el mundo con pechos enormes. No me sorprende que los índices de depresión en esta etapa sean tan altos.

Así que Álex recurrirá al servicio de salud privada. Este mes tiene reservada una cita para informarse y planificarlo todo. Nuestros hijos ya habrán nacido para entonces, así que también tendremos que encontrar una solución para el cuidado de sus heridas. Con dos niños de tres ó cuatro meses no me quedarán muchas energías para cambiar fajas…

Lo bueno es que ahora podemos planificar, porque hemos pasado del plano teórico al práctico.

¿Ya sabes qué son?

Desde que se me nota el embarazo la pregunta más frecuente es: ¿Ya sabes lo que son?  Qué prefieres, ¿dos niños, dos niñas o quizás una parejita?

Mi respuesta ideal sería:

Ya me informarán de su género cuando lo sientan necesario (o sea, a los seis o siete años).

Por supuesto mi respuesta real se mueve más bien alrededor de que no queremos saber el género, de que ya lo veremos en el parto y de  que los voy a querer igual sean chicos, chicas o algo intermedio.

Eso sí, siempre hago hincapié en el hecho de que da igual con que sexo biológico nazcan tus bebés. Lo que necesitan es amor, que les cuides bien y que puedan confiar en ti. El color de su primera muda no tiene efectos demostrados sobre su felicidad posterior. La ropa de un recién nacido, de un bebé o de un niño que ya gatea o empieza a caminar no tiene por qué mostrar distinciones de género. Tiene que ser cómoda, versátil y robusta para poder conquistar el mundo sin problemas.

Nada de conjuntos rosas con volantes para ella ni trajes rígidos para él. La ropa de niños tiene que servir para escalar árboles y no para calmar las dudas de género de la vecina.

Lo que no se nombra no existe

El otro día leí de nuevo este artículo de la revista BiMagazine sobre las Minorías Mayoritarias y las dificultades que existen cuando eres parte de una minoría minoritaria.

Por supuesto que se habla del colectivo LGBT incluyendo tanto a las —y los— bisexuales como las personas trans. Pero a veces no tengo claro que esta inclusión funcione bien porque, a la hora de la verdad, el discurso es LG y no llega más allá.

Las y los bisexuales no existimos porque nuestra sexualidad se define sólo de acuerdo a la pareja de turno: si tengo novia soy lesbiana, si tengo novio soy heterosexual y cuando no tengo pareja soy hetero-pero o, directamente, promiscua. ¿Cómo se “demuestra” la bisexualidad?

En este sentido siento cierta afinidad hacia las personas trans. Mientras que en mi caso se cuestiona mi orientación sexual, en su caso es su identidad sexual la que está en juego. Parece que nadie en este mundo puede vivir con lo fluido. Cuando A. se viste de manera muy masculina hay gente que se le queda mirando fijamente, pero muy fijamente, para “detectar” si es hombre o mujer porque “algo no les cuadra”.

Debo admitir que me preocupa un poquito que algún día cuadre. Por el momento no tiene ningún problema en decir en público que es trans pre-T (antes de tomar testosterona). Me gustaría pensar que también lo seguirá diciendo una vez que ya no sea tan obvio el aspecto trans. Lo que no se nombra no existe y da mucha rabia que en cada generación haya personas que crean que son los únicos porque no hay ejemplos visibles de otras posturas.

Los bisexuales se “convierten” en heterosexuales o gays en función de con quién se han casado.

Los trans adecuan su cuerpo a su identidad.

En ambos casos parece que la identidad fronteriza desaparece y otra generación se queda sin héroes.

Lo que no se nombra no existe. Yo, por mi parte, lo seguiré nombrando.