Teoría de genero vs práctica trans

Hace 10 días fuimos a una mesa redonda sobre “Generos y transgeneros”, organizado por el departamento de Antropología de la UB. A poco días después de la emisión del documental Transit de TV3 sobre la juventud transgenero, cualquier mesa redonda con este nombre iba a llamar mucho la atención. Sólo había un inconveniente.

La mayoría de los oyentes habían leído la parte de “Generos y transgeneros” – sin darle importancia a que se trataba de un acto en el marco de la semana de Antropología. Las discusiones se centraban sobre todo en la parte conceptual del transgenero, con pocas aplicaciones prácticas – tal como se puede esperar de una mesa redonda científica. Al fin y al cabo se trataba de una discusión entre antropólogos – en una universidad. La presencia de Rosa Almirall, ginecóloga y espacializada en la atención a personas trans era la única que trabaja diariamente a nivel práctico con el tema.

Mientras tanto, en el público sí que había un gran número de personas trans – sobre todos jóvenes. Mientras yo absorbía toda la discusión sobre cuestiones de representación de genero y construcción de identidad, A. se sintió frustrado. Me dijo que no se había enterrado de nada y que lo dela construcción de genero le parecía absurdo.

De hecho, se sinitó ofendido que alguien pudiera insinuar de que su genero fuera construído. Él sabe que es hombre. Su transición es una corrección y bajo ningún concepto está construyendo nada. Cuando intenté acercarle a la teoría de género como construcción social, básicamente se bloquéo. Parece que este tema (aún?) despierta demasiadas inseguridades. Si algo le pone nervioso es que alguien ponga en duda su masculinidad – aunque sea a nivel de discusión universitaria.

A lo mejor es cuestión de madurez (de la identidad construida) y quizás de formación (?). En la misma jornada conocimos un joven trans que había participado en la organización de la mesa. Intervino cuando un hombre empezó a dominar la discusión durante el turno de preguntas. Como hombre trans estaba muy consciente de su privilegio como hombre – habiendo estado en los dos lados de nuestro sistema binario. Fue el momento en el que la teoría se convirtió en práctia – y de paso un ejemplo genial de como los hombres también pueden (deben) ser feministas, velando por el derecho de las mujeres a hablar, y el derecho de los hombres a escuchar y reflexionar.

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Transit – menores normativos

Hace poco se emitió el documental de TV3 sobre niños transexuales y su experiencia normativa. Normativa, porque el ser transgenero de estos niños no cuestiona en absoluto la binaridad de genero, sino que la refuerza. Ahora hay niñas con vulva y niñas con pene. Hay niños con pene y niños con vulva. Pero sigue habiendo binarismo y si no encajas en ninguna de estas categorias, pues lo tienes mal.

Aquí puedes ver el documental.

Y no soy la única que lo ve con ojos críticos. Aquí os dejo la reacción de Joves Trans de Barcelona (traducción del catalán por Helena Llauradó):

¿Cuántas veces nos deben de haber dicho a las personas que estamos en Joves Trans (Jóvenes Trans) que harán un “30 Minuts” (nombre del programa=30 Minutos) de transexualidad?

Ya lo sabemos, este programa nos entrevistó a Joves Trans de Barcelona, pero no nos sacarán. Había demasiado poco tiempo y, obviamente, de todos los más de 30 minutos, no puede haber ni uno que cuestione el sistema de género.

Este programa, como la mayoría que salen en los medios, sólo quiere mostrar esa parte que pueda asimilarse por el sistema. Se muestran esas vivencias que son normativas en casi todo menos en el tema que se trata: “ser trans” para que éste pueda ser aceptado. Y esto hace que se olvide que hay personas trans que no queremos o podemos hormonarnos, que hay trans que no somos heteros, que hay trans que no somos hombres o mujeres, que hay trans que no siempre nos identificamos de la misma forma, que hay trans que no tenemos la capacidad y/o queremos aguantar que nos digan desde fuera si somos trans o no y un largo etcétera.

Este olvido sistemático refuerza que sólo hay una forma de ser trans, de ser trans real o de ser más trans. Esto genera una jerarquía que legitima que se acepte a quien esté arriba pero que nos excluye a todas las demás. Así, se pone la barrera de la norma un poco más allá, aceptando lo que queda más cerca de la norma pero sin cuestionarla.

No es un olvido, no es casual, es, otra vez, una violencia hacia nosotras, hacia todas las que no encajamos en su nueva norma porque nuestra existencia la rompe. Y, encima, se nos pide que estemos contentas porque, como mínimo, se habla de nuestro tema que, como veis, de nuestro poco tiene.

¿Tenemos que estar contentas de que se muestre la misma norma que nos excluye? La normatividad trans, la que jerarquiza, que es clasista, que es cisexista, que es dualista, capacitista. Que jerarquiza porque decide quién es más o menos trans o incluso quién es trans de verdad. Que es clasista porque ignora a las que no podemos pagar ciertos procesos o servicios profesionales o que no tenemos estudios o trabajo. Que es cisexista porque asume que tenemos que querer estos procesos para parecer cisgénero para, a simple vista, encajar dentro del sistema cisgénero. Que es dualista porque no contempla nada más allá de ser hombre o mujer. Que es capacitista por el discurso constante de “somos normales” también en relación a la salud mental ignorando y rechazando las que tenemos depresión, trastorno límite de la personalidad, bipolaridad, etc. porque damos mala imagen. Y muchas otras cosas que podríamos haber explicado en el “30 Minuts” si no nos hubieran censurado. ¿Tenemos que estar contentas de que durante los pocos minutos que se habla de lo trans haya personas cisgénero (es decir, personas no trans que se identifican con el género que se les asignó al nacer) ocupando el espacio, hablando de lo duro que fue aceptar tener una criatura trans? No lo estamos y menos aun cuando esto hace que se excluya a personas trans, cuando esto nos hace literalmente fuera de los medios de comunicación y nos niega la posibilidad de poder explicar nuestra realidad haciendo que la explique alguien que no la vive en primera persona. Cuando esto hace que la gente en casa empatice más con la persona cis que con la trans. Cuando esto hace que se le tiren medallas a la persona cis por algo tan básico como no negar la identidad a sus criaturas.

Por todo esto, lo que se muestra en el “30 minuts” representa todo eso en contra de lo que luchamos y por eso queremos visibilizar todo lo que este programa ha ocultado.

Curiosamente, a A. le encantó el vídeo, justamente porque es tan normativo. Y entiendo su razonamiento:

Este documental consigue acercar la realidad de las personas trans al mainstream, a la gente que no tiene ni puta idea y que cree que tener un amigo gay es ser super liberal y de mente abierta.

Este documental le ha permitido a mi madre de entender lo que me pasa. No es perfecto, y oculta muchas cosas, pero es un primer paso, y no puede ser más que un primer paso. Porque si el documental hubiera saltado directamente al 5º escalón, el 80% de Cataluña lo hubiera descalificado directamente como “de frikis”. Así no, así se ha abierto un debate, un debate en el que la gente normal participa.

En este sentido a lo mejor me vuelve a gustar un poquito más.

Cuando ser padre depende del sexo (¿genético?)

En enero nacieron nuestros mellizos – un niño y una niño por el momento. Como yo soy alemana los quiero inscribir también en Alemania… solo que por el momento no podemos.

Resulta que Alemania no acepta la doble maternidad. Y como A. legalmente todavía figura como mujer, no puede registrarse como padre de los peques. Ser padre en Alemania es genético(?)

En nuestro caso es fácil, esperaremos la reasignación legal del sexo y con el nuevo DNI haremos la inscripción conforme lo requieren las leyes (anticuadas) de mi país. Mientras tanto, bajo las leyes alemanas solo yo tengo la patria potestad de los niños.

Ahora, la inscripción conjunta en Alemania se basa en la presunción de que A., siendo hombre, es el progenitor biológico de los peques. Porque la paternidad alemana a nivel legal se basa en la herencia biológica – mientras para nosotros es una construcción social. A falta de esperma ha habido un donante – que no es el padre ni lo puede ser. El padre para mi es la persona que cambia los pañales, que baña a los niños conmigo, que comparte su vida…

Bajo la ley alemana, estar casado conmigo convierte a A. en padre de los niños porque se supone que los niños son fruto de este matrimonio. Y mientras en nuestro caso a nivel conceptual esto es correcto, a nivel genético representamos una situación imposible para las leyes alemanas. 

Y si ahora añadimos la opción R.O.P.A. (utilizando los óvulos del hombre transexual, la pareja mujer se embaraza y físicamente tiene los niños), la cosa se complica aún más. Porque ahora, una vez que la reasignación del sexo haya sido completada, a nivel genético los bebés tendrían dos hombres como padres. Algo que la ley alemana tampoco admite. Pero efectivamente la mujer gestadora no comparte genética con los niños, algo que hace años simplemente no era posible.

La realidad cambia más rápido que el marco jurídico…

Mientras tanto, al “convertirnos” en una pareja normalizada (lease “hetero”) en los ojos de la sociedad resolveremos este problema – por lo menos a nivel conceptual.  Caso contrario pondríamos una demanda para forzar el cambio. Pero llegado a la segunda / tercera / última instancia, A. ya será hombre y el objeto del litigio habría desaparecido, por decirlo de alguna manera.

Otra pareja tendrá que luchar por la maternidad / paternidad doble que no dependa únicamente de la genética.

El Museo de Historia y Arte Transgenero (MOTHA)

Museo de Arte e Historia Transgenero

Una amiga me compartió este proyecto, que me parece fantástico. MOTHA es un museo itinerante (hasta que tengan un lugar fijo) en San Francisco. La próxima vez que esté en EEUU definitivamente intentaré pasar por la exposición del momento: Museo de Historia y Arte Transgenero – un proyecto de Chris Vargas

La Misión del MOTHA
(presentación completa aquí)

 

 

El Museo de HIstoria y Arte Transgénero (MOTHA por sus siglas en inglés) está dedicado a mover la historia y el arte de personas trans* al centro de la vida pública. El museo insiste en una definición expansiva e inestable de transgenerocapaz de incluir a todo arte y todos los artistas trans* y no-binarios. 

 

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Disforia por un pelo

Alex se ha cortado el pelo. Hasta ahora llevaba el pelo corto, pero no mucho. Tenía aire de masculino, pero un masculino adecuado para una lesbiana. Le permitía permanecer invisible en público al no cuestionar demasiado el genero asignado por los demás.

Ahora lleva un corte de hombre. Y punto. El corte acompaña los cambios fisiológicos resultado de la testosterona. Lu voz que ha bajado una octava, los primeros pelos tímidos que aparecen en su rostro, la grasa que poco a poco desaparece de las caderas.

Y de repente su pecho, de tamaño considerable, se ha convertido en el punto de mira – tanto suyo como de los demás.

Disforia interna

Nunca le gustaron sus pecho, pero ahora le molestan. Desde que se ha cortado el pelo utiliza el binder todos los días, por muy incómodo que sea el procedimiento. Está consciente de que no es una solución a medio plazo. Cuando suban las temperaturas, el binder deja de ser una solución cómoda.

El miedo a la cirugía ha dado paso a una nueva experiencia de disforia – y a la búsqueda de una fecha más cercana para acabar con el problema. De Agosto ahora estamos hablando de Mayo.

La razón principal: la reacción de los demás. Los pechos ya no encajan con la nueva identidad en construcción que necesita validarse en publico.

Disforia externa

Tomando un café nos damos cuenta que los de la mesa al lado nos observan. De camino a la caja escuchamos que están hablando sobre “la moda de las personas trans”. Alex se siente incómodo y observado.

En correos no le quieren entregar un paquete, porque obviamente no es él la chica del DNI.

En el lavabo de chicas le miran raro. Y en el de chicos también. Ahora prefiere utilizar el lavabo de las personas con problemas de movilidad. Y le da mucha rabia no saber en dónde encaja.

¿Disforia?

 

Alex se mira en el espejo. Los pechos no encajan. Nunca les ha tenido mucho cariño, pero ahora le molestan. Le molestan porque le delatan. Porque generan dudas en las otras personas sobre si se trata de un hombre o una mujer.

A veces me pregunto cuanto realmente influye la sociedad en lo que sienten Alex y las demás personas trans*. Si nadie le mirara mal por tener pechos, ¿sentiría la misma urgencia de quitárselos? Si nadie comentara a sus espaldas (y en voz alta) sobre “esto de los trans”, si no tuviera que defender su decisión de hacer la transición frente a personas aleatorias, ¿seguiría siendo una necesidad tan urgente?

El mundo sigue siendo binario y moverse fuera de esta matriz resulta imposible. Los demás quieren que encajes. Y si no encajas, ya se encargarán en encajarte, y de hacerte saber cuál es tu fallo.

Con o sin pechos, el DNI tendrá que esperar a Noviembre… podrá escaparle a los comentarios aleatorios en público, pero solo mientras no tenga que enseñar el DNI.

Mis deseos para el 2016

Haciendo la planificación del nuevo año, me doy cuenta de que es normal ponerse objetivos personales y profesionales que requieren dedicación, cambio de hábitos y mucha energía. Así que hoy quiero recordar la importancia de cuidar de mi misma, de asegurarme de que yo esté bien, de que yo tenga el espacio y el tiempo necesario para recargar mis pilas, para dedicarme a las actividades que me hacen ilusión.

Últimamente me he visto en una espiral de sentirme responsable por todo y olvidarme de que ante de todo mi prioridad tengo que ser yo. Sólo si yo estoy bien, puedo apoyar y ayudar a los que me rodean y que necesitan este apoyo.

Eso incluye de que Alex tendrá que poner su granito de arena. Yo me comprometo de decir con claridad lo que yo necesito. Y él tendrá que aceptar que no soy su madre y que si no pone sus calcetines en la cesta de ropa por lavar… tendrá que ponerse calcetines usados (aparte de que, a nivel practico, con la barriga de embarazada que luzco en este momento recoger algo del suelo me cuesta horrores).

Así que este año quiero ser más egoísta y más asertiva aunque sea para encontrar el equilibrio en nuestra relación, porque conforme aumenta la autoestima de Alex yo me quedo cada vez más al margen. Es interesante como se ve afectado la propia voz y la propia identidad por los cambios del otro…