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Transit – menores normativos

Hace poco se emitió el documental de TV3 sobre niños transexuales y su experiencia normativa. Normativa, porque el ser transgenero de estos niños no cuestiona en absoluto la binaridad de genero, sino que la refuerza. Ahora hay niñas con vulva y niñas con pene. Hay niños con pene y niños con vulva. Pero sigue habiendo binarismo y si no encajas en ninguna de estas categorias, pues lo tienes mal.

Aquí puedes ver el documental.

Y no soy la única que lo ve con ojos críticos. Aquí os dejo la reacción de Joves Trans de Barcelona (traducción del catalán por Helena Llauradó):

¿Cuántas veces nos deben de haber dicho a las personas que estamos en Joves Trans (Jóvenes Trans) que harán un “30 Minuts” (nombre del programa=30 Minutos) de transexualidad?

Ya lo sabemos, este programa nos entrevistó a Joves Trans de Barcelona, pero no nos sacarán. Había demasiado poco tiempo y, obviamente, de todos los más de 30 minutos, no puede haber ni uno que cuestione el sistema de género.

Este programa, como la mayoría que salen en los medios, sólo quiere mostrar esa parte que pueda asimilarse por el sistema. Se muestran esas vivencias que son normativas en casi todo menos en el tema que se trata: “ser trans” para que éste pueda ser aceptado. Y esto hace que se olvide que hay personas trans que no queremos o podemos hormonarnos, que hay trans que no somos heteros, que hay trans que no somos hombres o mujeres, que hay trans que no siempre nos identificamos de la misma forma, que hay trans que no tenemos la capacidad y/o queremos aguantar que nos digan desde fuera si somos trans o no y un largo etcétera.

Este olvido sistemático refuerza que sólo hay una forma de ser trans, de ser trans real o de ser más trans. Esto genera una jerarquía que legitima que se acepte a quien esté arriba pero que nos excluye a todas las demás. Así, se pone la barrera de la norma un poco más allá, aceptando lo que queda más cerca de la norma pero sin cuestionarla.

No es un olvido, no es casual, es, otra vez, una violencia hacia nosotras, hacia todas las que no encajamos en su nueva norma porque nuestra existencia la rompe. Y, encima, se nos pide que estemos contentas porque, como mínimo, se habla de nuestro tema que, como veis, de nuestro poco tiene.

¿Tenemos que estar contentas de que se muestre la misma norma que nos excluye? La normatividad trans, la que jerarquiza, que es clasista, que es cisexista, que es dualista, capacitista. Que jerarquiza porque decide quién es más o menos trans o incluso quién es trans de verdad. Que es clasista porque ignora a las que no podemos pagar ciertos procesos o servicios profesionales o que no tenemos estudios o trabajo. Que es cisexista porque asume que tenemos que querer estos procesos para parecer cisgénero para, a simple vista, encajar dentro del sistema cisgénero. Que es dualista porque no contempla nada más allá de ser hombre o mujer. Que es capacitista por el discurso constante de “somos normales” también en relación a la salud mental ignorando y rechazando las que tenemos depresión, trastorno límite de la personalidad, bipolaridad, etc. porque damos mala imagen. Y muchas otras cosas que podríamos haber explicado en el “30 Minuts” si no nos hubieran censurado. ¿Tenemos que estar contentas de que durante los pocos minutos que se habla de lo trans haya personas cisgénero (es decir, personas no trans que se identifican con el género que se les asignó al nacer) ocupando el espacio, hablando de lo duro que fue aceptar tener una criatura trans? No lo estamos y menos aun cuando esto hace que se excluya a personas trans, cuando esto nos hace literalmente fuera de los medios de comunicación y nos niega la posibilidad de poder explicar nuestra realidad haciendo que la explique alguien que no la vive en primera persona. Cuando esto hace que la gente en casa empatice más con la persona cis que con la trans. Cuando esto hace que se le tiren medallas a la persona cis por algo tan básico como no negar la identidad a sus criaturas.

Por todo esto, lo que se muestra en el “30 minuts” representa todo eso en contra de lo que luchamos y por eso queremos visibilizar todo lo que este programa ha ocultado.

Curiosamente, a A. le encantó el vídeo, justamente porque es tan normativo. Y entiendo su razonamiento:

Este documental consigue acercar la realidad de las personas trans al mainstream, a la gente que no tiene ni puta idea y que cree que tener un amigo gay es ser super liberal y de mente abierta.

Este documental le ha permitido a mi madre de entender lo que me pasa. No es perfecto, y oculta muchas cosas, pero es un primer paso, y no puede ser más que un primer paso. Porque si el documental hubiera saltado directamente al 5º escalón, el 80% de Cataluña lo hubiera descalificado directamente como “de frikis”. Así no, así se ha abierto un debate, un debate en el que la gente normal participa.

En este sentido a lo mejor me vuelve a gustar un poquito más.

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Cuando ser padre depende del sexo (¿genético?)

En enero nacieron nuestros mellizos – un niño y una niño por el momento. Como yo soy alemana los quiero inscribir también en Alemania… solo que por el momento no podemos.

Resulta que Alemania no acepta la doble maternidad. Y como A. legalmente todavía figura como mujer, no puede registrarse como padre de los peques. Ser padre en Alemania es genético(?)

En nuestro caso es fácil, esperaremos la reasignación legal del sexo y con el nuevo DNI haremos la inscripción conforme lo requieren las leyes (anticuadas) de mi país. Mientras tanto, bajo las leyes alemanas solo yo tengo la patria potestad de los niños.

Ahora, la inscripción conjunta en Alemania se basa en la presunción de que A., siendo hombre, es el progenitor biológico de los peques. Porque la paternidad alemana a nivel legal se basa en la herencia biológica – mientras para nosotros es una construcción social. A falta de esperma ha habido un donante – que no es el padre ni lo puede ser. El padre para mi es la persona que cambia los pañales, que baña a los niños conmigo, que comparte su vida…

Bajo la ley alemana, estar casado conmigo convierte a A. en padre de los niños porque se supone que los niños son fruto de este matrimonio. Y mientras en nuestro caso a nivel conceptual esto es correcto, a nivel genético representamos una situación imposible para las leyes alemanas. 

Y si ahora añadimos la opción R.O.P.A. (utilizando los óvulos del hombre transexual, la pareja mujer se embaraza y físicamente tiene los niños), la cosa se complica aún más. Porque ahora, una vez que la reasignación del sexo haya sido completada, a nivel genético los bebés tendrían dos hombres como padres. Algo que la ley alemana tampoco admite. Pero efectivamente la mujer gestadora no comparte genética con los niños, algo que hace años simplemente no era posible.

La realidad cambia más rápido que el marco jurídico…

Mientras tanto, al “convertirnos” en una pareja normalizada (lease “hetero”) en los ojos de la sociedad resolveremos este problema – por lo menos a nivel conceptual.  Caso contrario pondríamos una demanda para forzar el cambio. Pero llegado a la segunda / tercera / última instancia, A. ya será hombre y el objeto del litigio habría desaparecido, por decirlo de alguna manera.

Otra pareja tendrá que luchar por la maternidad / paternidad doble que no dependa únicamente de la genética.

El Museo de Historia y Arte Transgenero (MOTHA)

Museo de Arte e Historia Transgenero

Una amiga me compartió este proyecto, que me parece fantástico. MOTHA es un museo itinerante (hasta que tengan un lugar fijo) en San Francisco. La próxima vez que esté en EEUU definitivamente intentaré pasar por la exposición del momento: Museo de Historia y Arte Transgenero – un proyecto de Chris Vargas

La Misión del MOTHA
(presentación completa aquí)

 

 

El Museo de HIstoria y Arte Transgénero (MOTHA por sus siglas en inglés) está dedicado a mover la historia y el arte de personas trans* al centro de la vida pública. El museo insiste en una definición expansiva e inestable de transgenerocapaz de incluir a todo arte y todos los artistas trans* y no-binarios. 

 

***

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Disforia por un pelo

Alex se ha cortado el pelo. Hasta ahora llevaba el pelo corto, pero no mucho. Tenía aire de masculino, pero un masculino adecuado para una lesbiana. Le permitía permanecer invisible en público al no cuestionar demasiado el genero asignado por los demás.

Ahora lleva un corte de hombre. Y punto. El corte acompaña los cambios fisiológicos resultado de la testosterona. Lu voz que ha bajado una octava, los primeros pelos tímidos que aparecen en su rostro, la grasa que poco a poco desaparece de las caderas.

Y de repente su pecho, de tamaño considerable, se ha convertido en el punto de mira – tanto suyo como de los demás.

Disforia interna

Nunca le gustaron sus pecho, pero ahora le molestan. Desde que se ha cortado el pelo utiliza el binder todos los días, por muy incómodo que sea el procedimiento. Está consciente de que no es una solución a medio plazo. Cuando suban las temperaturas, el binder deja de ser una solución cómoda.

El miedo a la cirugía ha dado paso a una nueva experiencia de disforia – y a la búsqueda de una fecha más cercana para acabar con el problema. De Agosto ahora estamos hablando de Mayo.

La razón principal: la reacción de los demás. Los pechos ya no encajan con la nueva identidad en construcción que necesita validarse en publico.

Disforia externa

Tomando un café nos damos cuenta que los de la mesa al lado nos observan. De camino a la caja escuchamos que están hablando sobre “la moda de las personas trans”. Alex se siente incómodo y observado.

En correos no le quieren entregar un paquete, porque obviamente no es él la chica del DNI.

En el lavabo de chicas le miran raro. Y en el de chicos también. Ahora prefiere utilizar el lavabo de las personas con problemas de movilidad. Y le da mucha rabia no saber en dónde encaja.

¿Disforia?

 

Alex se mira en el espejo. Los pechos no encajan. Nunca les ha tenido mucho cariño, pero ahora le molestan. Le molestan porque le delatan. Porque generan dudas en las otras personas sobre si se trata de un hombre o una mujer.

A veces me pregunto cuanto realmente influye la sociedad en lo que sienten Alex y las demás personas trans*. Si nadie le mirara mal por tener pechos, ¿sentiría la misma urgencia de quitárselos? Si nadie comentara a sus espaldas (y en voz alta) sobre “esto de los trans”, si no tuviera que defender su decisión de hacer la transición frente a personas aleatorias, ¿seguiría siendo una necesidad tan urgente?

El mundo sigue siendo binario y moverse fuera de esta matriz resulta imposible. Los demás quieren que encajes. Y si no encajas, ya se encargarán en encajarte, y de hacerte saber cuál es tu fallo.

Con o sin pechos, el DNI tendrá que esperar a Noviembre… podrá escaparle a los comentarios aleatorios en público, pero solo mientras no tenga que enseñar el DNI.

¿Ya sabes qué son?

Desde que se me nota el embarazo la pregunta más frecuente es: ¿Ya sabes lo que son?  Qué prefieres, ¿dos niños, dos niñas o quizás una parejita?

Mi respuesta ideal sería:

Ya me informarán de su género cuando lo sientan necesario (o sea, a los seis o siete años).

Por supuesto mi respuesta real se mueve más bien alrededor de que no queremos saber el género, de que ya lo veremos en el parto y de  que los voy a querer igual sean chicos, chicas o algo intermedio.

Eso sí, siempre hago hincapié en el hecho de que da igual con que sexo biológico nazcan tus bebés. Lo que necesitan es amor, que les cuides bien y que puedan confiar en ti. El color de su primera muda no tiene efectos demostrados sobre su felicidad posterior. La ropa de un recién nacido, de un bebé o de un niño que ya gatea o empieza a caminar no tiene por qué mostrar distinciones de género. Tiene que ser cómoda, versátil y robusta para poder conquistar el mundo sin problemas.

Nada de conjuntos rosas con volantes para ella ni trajes rígidos para él. La ropa de niños tiene que servir para escalar árboles y no para calmar las dudas de género de la vecina.

Encontrando un idioma para las parejas femme de hombres trans

Artículo original: Finding Language for Femme Partners of Trans Men de

— la traducción es mia —

“El otro día fui a caminar con una amiga a la que no había visto en años. Su pareja se está preparando para la faloplastia. Ella estaba intentando asimilar la difícil cirugía que estaba por venir, temía por la seguridad de su pareja, esperaba que el resultada le diera la paz que quería. Yo había organizado nuestro encuentro después de enterarme de que su pareja tenía fecha para la cirugía. Quería darle la bienvenida  a la hermandad de las parejas femme de hombres trans en vías de conseguir sus penes. Los cambios en el sistema de seguros de California pusieron estas cirugías al alcance de muchos que creíamos que nos sería imposible asumir el coste. Apoyar a tu pareja a través de cualquier proceso quirúrgico es un reto emocional, pero añadir el aspecto de la confirmación de género presenta complejidades adicionales.

Hace veinte años, cuando conocí a mi pareja, fui presentada oficialmente en la comunidad trans. Digo oficialmente porque había sido butch/femme durante años y las variaciones de género eran algo que conocía y que me atraía. Recuerdo ser una baby dyke (lesbiana novata)  frecuentando Peg’s Bar en San Francisco. Había un cliente habitual llamado Jac. Tenía el pelo corto y rubio, un cuerpo macizo y vestía camisas de hombre y vaqueros. Nunca hablé con Jac. Era mucho mayor que yo y me intimidaba su feroz masculinidad. Recuerdo mirar a Jac sintiendo una mezcla de intriga, miedo y atracción. No sé si Jac se identificaba como butch (lesbiana masculina), transgénero o lesbiana.

Entonces no teníamos tantas palabras como hoy para describir nuestras identidades y géneros. Pero siempre hemos existido, bajo el lenguaje que estuviera disponible. Igual que existimos hoy. Aún estamos definiéndonos, buscando un lenguaje, analizándonos para entender nuestra experiencia dentro de un contexto queer / de género. Las parejas de las personas trans seguimos buscando nuestra voz.

Caminé un largo tiempo junto a mi amiga intercambiando historias. Me preguntó qué era lo más importante que había aprendido ahora que ya habíamos pasado la faloplastia. Le conté los aspectos logísticos que aprendimos. Por ejemplo, que deberían prescribirte los analgésicos antes de salir del hospital. Si los medicamentos le dan náuseas a tu pareja, dale algo contra ellas media hora antes de la medicación. Si algo parece raro o no va bien, pide ayuda.

Pero me di cuenta de que casi olvidé del truco de superviviencia más importante para parejas: búscate un terapeuta, un amigo, un grupo online donde puedas ser completamente honesta y dejar que todas tus emociones salgan a la superficie. Aprende que está bien sentir lo que sientes. Habrá momentos de miedo, de dudas, de preocupación y de confusión. Permite que los sentimientos lleguen para que puedan irse después. Porque vendrán, te sorprenderán y te sacudirán. Pero también se irán —solo si les dejas existir y sobre todo si te permites un espacio para ser atendido y escuchado—. Si intentas esconder estos sentimientos, crecerán y el temblor será demasiado fuerte.

Me ofrecí a ser su amiga no-crítica. Le dije que cualquier cosa que me contara iría conmigo a la tumba. Quiero ayudarla a venir al otro lado. Cuando mi pareja pasó por la faloplastia, yo también tuve una amiga femme que hizo lo mismo por mi. Supuso una enorme diferencia tener alguien en quien confiar, a quien podía contar mis emociones y experiencias de forma confidencial. Pero muchas veces me pregunto por todas las parejas que se sienten aisladas, invisibles y silenciadas.

Una parte importante de ser una buena pareja para una persona trans es apoyar su expresión de género en la forma en la que se presente: física, emocional o espiritual. Pero la verdad es que las parejas también sufren su transición. Puede que pasen de una relación que desde fuera parece gay / queer a una relación que desde fuera parece heterosexual. Pasan de hacer el amor a un cuerpo con partes femeninas a hacer el amor a un cuerpo con partes masculinas o con combinación de ambas. Puede que se cuestionen si esta era la relación que realmente querían. Puede que se cuestionen si las sensaciones y emociones que surgen suponen una traición para ellos. O quizás saben que, en el fondo, sus sentimientos son importantes, pero sienten que compartirlos es tabú. El silencio muchas veces se convierte en el idioma de las parejas.

Entender por qué alguien quiere hacer la transición es algo que se puede explicar con palabras, pero sentir por qué alguien quiere hacer la transición es algo completamente diferente. No puedo sentir por qué mi pareja quiere hacer la transición. Pero si lo comparo con algo que siempre he querido, empiezo a entenderlo. Yo siempre he querido hijos. No puedo dar una explicación sólida del por qué. Es algo que sinceramente, y a veces de forma desesperada, siempre he querido.  A pesar de haber sentido el dolor absoluto de sufrir un aborto, el sacrificio financiero de los tratamientos de fertilidad, los procesos médicos interminables… nunca dudé de mi deseo de ser madre. Esta experiencia me permite algo de afinidad con las personas trans que quieren convertirse en la persona que quieren ser —y es una perspectiva que me ayuda en la experiencia con mi pareja—.

Poco a poco estamos encontrando nuestro lenguaje, nuestro idioma. Estoy convencida de que la clave para una relación a largo plazo es permitir el punto de vista de la relación de ambas partes, aunque no siempre estén de acuerdo. A veces tienes que compartir y dar valor a tener puntos de vistas diferentes para poder encontrar un camino conjunto. Las parejas de personas trans no son solo eso. Somos nosotros primero, y los abogados y representantes de nuestras parejas en segunda instancia.

Yo soy la pareja femme y queer de un hombre trans y quiero tener una palabra para mí misma. No quiero ser secundaria. Quiero una voz y quiero una voz para todas las parejas. Agradezco cuando se abre un espacio en la mesa también para las parejas. Transgress Press publicará una antología llamada “Love Always: Partners of Trans People on Intimacy, Challenge and Resilience.” (Amor para Siempre: Parejas de personas Trans hablan de Intimidad, Retos y Resiliencia).  He contribuido con un texto y habrá más de cincuenta cartas, poemas y textos escritos por parejas. Estamos encontrando nuestro lenguaje. Y yo te invito a que nos escuches.”

— Fin de la Traducción —

Gracias, por contribuir a crear un lenguaje para nosotras.

Heteronormalidad y avisos de género

La hermana de una amiga es lesbiana. Cuando esta amiga habla de su hermana y su pareja suele empezar la frase de la siguiente manera: “Mi hermana lesbiana y su novia…”

Cuando habla de la pareja de su otra hermana se refiere a él simplemente como “el marido de mi hermana”, sin hacer hincapié en que su otra hermana es heterosexual. Claro, no hace falta, es lo normal. Me preguntó cómo lo hago yo cuando hablo de A., especialmente en español, donde los marcadores de género están tan incrustados en la gramática. Estar contento o contenta supone toda una diferencia.

La verdad es que hace tiempo que ya no me preocupo del tema. Llegó un momento en que archivé la cuestión en mi cabeza con la conclusión de que A. es un hombre. Punto y final. Hablo de mi marido y utilizo el género masculino sin avisos ni explicaciones. Lo hago así como si fuera lo más normal, porque para mí es lo más normal del mundo. Hay personas que preguntan y otras que creen que el problema es mi dominio del español (que no sepa distinguir bien las formas masculina y femenina). Hay personas que me preguntan a mí directamente. Me parece bien.

Si me preguntan, respondo. Pero si no me preguntan no veo por qué tengo que justificarme por algo que, en el fondo,  no es de su incumbencia.

Tampoco se trata de esconder nada, sino de incorporarlo de manera natural cuando hace falta. Como cuando hablo de nuestra vestimenta para la boda y de que para A. tuvimos que encargar un traje a medida porque, claro, como todavía tiene cuerpo de mujer, los trajes prefabricados no le van muy bien.

Sin embargo, en la  mayoría  de  las  situaciones  el  género  y  las  preferencias sexuales tanto de mi pareja como mías son completamente irrelevante. Del mismo modo que lo son las de la hermana de mi amiga.

Y las tuyas.

Lo importante es que cada cual se sienta bien en su piel y ame a quien quiera amar. Sin necesidad de avisos y explicaciones.