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Mis deseos para el 2016

Haciendo la planificación del nuevo año, me doy cuenta de que es normal ponerse objetivos personales y profesionales que requieren dedicación, cambio de hábitos y mucha energía. Así que hoy quiero recordar la importancia de cuidar de mi misma, de asegurarme de que yo esté bien, de que yo tenga el espacio y el tiempo necesario para recargar mis pilas, para dedicarme a las actividades que me hacen ilusión.

Últimamente me he visto en una espiral de sentirme responsable por todo y olvidarme de que ante de todo mi prioridad tengo que ser yo. Sólo si yo estoy bien, puedo apoyar y ayudar a los que me rodean y que necesitan este apoyo.

Eso incluye de que Alex tendrá que poner su granito de arena. Yo me comprometo de decir con claridad lo que yo necesito. Y él tendrá que aceptar que no soy su madre y que si no pone sus calcetines en la cesta de ropa por lavar… tendrá que ponerse calcetines usados (aparte de que, a nivel practico, con la barriga de embarazada que luzco en este momento recoger algo del suelo me cuesta horrores).

Así que este año quiero ser más egoísta y más asertiva aunque sea para encontrar el equilibrio en nuestra relación, porque conforme aumenta la autoestima de Alex yo me quedo cada vez más al margen. Es interesante como se ve afectado la propia voz y la propia identidad por los cambios del otro…

 

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Hormonas para el embarazo

Estas son las hormonas que yo, la pareja, me he zampado en los últimos diez días. Antes de que A. empiece con su transición queremos quedarnos embarazados, así que para lograrlo me toca tomar yo las hormonas y él tiene que aguantar mis repentinos cambios de humor. Meriestra es un medicamento que normalmente se prescribe a las mujeres en  la  menopausia.  Estoy  tomando  cuatro  veces  la  dosis diaria recomendada para su público objetivo.

Mañana iremos al IVF de nuevo para que me indiquen cuánto tiempo  más de tomar hormonas me falta  hasta  la  transferencia  de  los  embriones. Tengo receta para dos blísteres más…

Hormonados…

La gran ventaja de esta etapa es que A. ve de primera mano cómo las hormonas pueden afectar al ánimo, el libido (completamente desaparecido en mi caso), la paciencia, etc. Tengo la esperanza de poder tirar de esta experiencia más adelante. Mientras tanto sufro ataques de llanto cuando veo una película triste (o me insinúan algo triste), cuando escucho música romántica o sin ninguna razón aparente.

Lo que más odio de esta experiencia es esa frase, descalificadora por excelencia, que toda mujer conoce: “son las hormonas“. Como si eso invalidara cualquier sentimiento o inquietud aunque no tenga nada que ver con las hormonas o me dé cuenta porque estoy más sensible.

En fin…

Por un lado es cómodo poder culpar a las hormonas pero por el otro es un coñazo. Imagino que eso vale para cualquier proceso de hormonación.