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Lo que no se nombra no existe

El otro día leí de nuevo este artículo de la revista BiMagazine sobre las Minorías Mayoritarias y las dificultades que existen cuando eres parte de una minoría minoritaria.

Por supuesto que se habla del colectivo LGBT incluyendo tanto a las —y los— bisexuales como las personas trans. Pero a veces no tengo claro que esta inclusión funcione bien porque, a la hora de la verdad, el discurso es LG y no llega más allá.

Las y los bisexuales no existimos porque nuestra sexualidad se define sólo de acuerdo a la pareja de turno: si tengo novia soy lesbiana, si tengo novio soy heterosexual y cuando no tengo pareja soy hetero-pero o, directamente, promiscua. ¿Cómo se “demuestra” la bisexualidad?

En este sentido siento cierta afinidad hacia las personas trans. Mientras que en mi caso se cuestiona mi orientación sexual, en su caso es su identidad sexual la que está en juego. Parece que nadie en este mundo puede vivir con lo fluido. Cuando A. se viste de manera muy masculina hay gente que se le queda mirando fijamente, pero muy fijamente, para “detectar” si es hombre o mujer porque “algo no les cuadra”.

Debo admitir que me preocupa un poquito que algún día cuadre. Por el momento no tiene ningún problema en decir en público que es trans pre-T (antes de tomar testosterona). Me gustaría pensar que también lo seguirá diciendo una vez que ya no sea tan obvio el aspecto trans. Lo que no se nombra no existe y da mucha rabia que en cada generación haya personas que crean que son los únicos porque no hay ejemplos visibles de otras posturas.

Los bisexuales se “convierten” en heterosexuales o gays en función de con quién se han casado.

Los trans adecuan su cuerpo a su identidad.

En ambos casos parece que la identidad fronteriza desaparece y otra generación se queda sin héroes.

Lo que no se nombra no existe. Yo, por mi parte, lo seguiré nombrando.

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Encontrando un idioma para las parejas femme de hombres trans

Artículo original: Finding Language for Femme Partners of Trans Men de

— la traducción es mia —

“El otro día fui a caminar con una amiga a la que no había visto en años. Su pareja se está preparando para la faloplastia. Ella estaba intentando asimilar la difícil cirugía que estaba por venir, temía por la seguridad de su pareja, esperaba que el resultada le diera la paz que quería. Yo había organizado nuestro encuentro después de enterarme de que su pareja tenía fecha para la cirugía. Quería darle la bienvenida  a la hermandad de las parejas femme de hombres trans en vías de conseguir sus penes. Los cambios en el sistema de seguros de California pusieron estas cirugías al alcance de muchos que creíamos que nos sería imposible asumir el coste. Apoyar a tu pareja a través de cualquier proceso quirúrgico es un reto emocional, pero añadir el aspecto de la confirmación de género presenta complejidades adicionales.

Hace veinte años, cuando conocí a mi pareja, fui presentada oficialmente en la comunidad trans. Digo oficialmente porque había sido butch/femme durante años y las variaciones de género eran algo que conocía y que me atraía. Recuerdo ser una baby dyke (lesbiana novata)  frecuentando Peg’s Bar en San Francisco. Había un cliente habitual llamado Jac. Tenía el pelo corto y rubio, un cuerpo macizo y vestía camisas de hombre y vaqueros. Nunca hablé con Jac. Era mucho mayor que yo y me intimidaba su feroz masculinidad. Recuerdo mirar a Jac sintiendo una mezcla de intriga, miedo y atracción. No sé si Jac se identificaba como butch (lesbiana masculina), transgénero o lesbiana.

Entonces no teníamos tantas palabras como hoy para describir nuestras identidades y géneros. Pero siempre hemos existido, bajo el lenguaje que estuviera disponible. Igual que existimos hoy. Aún estamos definiéndonos, buscando un lenguaje, analizándonos para entender nuestra experiencia dentro de un contexto queer / de género. Las parejas de las personas trans seguimos buscando nuestra voz.

Caminé un largo tiempo junto a mi amiga intercambiando historias. Me preguntó qué era lo más importante que había aprendido ahora que ya habíamos pasado la faloplastia. Le conté los aspectos logísticos que aprendimos. Por ejemplo, que deberían prescribirte los analgésicos antes de salir del hospital. Si los medicamentos le dan náuseas a tu pareja, dale algo contra ellas media hora antes de la medicación. Si algo parece raro o no va bien, pide ayuda.

Pero me di cuenta de que casi olvidé del truco de superviviencia más importante para parejas: búscate un terapeuta, un amigo, un grupo online donde puedas ser completamente honesta y dejar que todas tus emociones salgan a la superficie. Aprende que está bien sentir lo que sientes. Habrá momentos de miedo, de dudas, de preocupación y de confusión. Permite que los sentimientos lleguen para que puedan irse después. Porque vendrán, te sorprenderán y te sacudirán. Pero también se irán —solo si les dejas existir y sobre todo si te permites un espacio para ser atendido y escuchado—. Si intentas esconder estos sentimientos, crecerán y el temblor será demasiado fuerte.

Me ofrecí a ser su amiga no-crítica. Le dije que cualquier cosa que me contara iría conmigo a la tumba. Quiero ayudarla a venir al otro lado. Cuando mi pareja pasó por la faloplastia, yo también tuve una amiga femme que hizo lo mismo por mi. Supuso una enorme diferencia tener alguien en quien confiar, a quien podía contar mis emociones y experiencias de forma confidencial. Pero muchas veces me pregunto por todas las parejas que se sienten aisladas, invisibles y silenciadas.

Una parte importante de ser una buena pareja para una persona trans es apoyar su expresión de género en la forma en la que se presente: física, emocional o espiritual. Pero la verdad es que las parejas también sufren su transición. Puede que pasen de una relación que desde fuera parece gay / queer a una relación que desde fuera parece heterosexual. Pasan de hacer el amor a un cuerpo con partes femeninas a hacer el amor a un cuerpo con partes masculinas o con combinación de ambas. Puede que se cuestionen si esta era la relación que realmente querían. Puede que se cuestionen si las sensaciones y emociones que surgen suponen una traición para ellos. O quizás saben que, en el fondo, sus sentimientos son importantes, pero sienten que compartirlos es tabú. El silencio muchas veces se convierte en el idioma de las parejas.

Entender por qué alguien quiere hacer la transición es algo que se puede explicar con palabras, pero sentir por qué alguien quiere hacer la transición es algo completamente diferente. No puedo sentir por qué mi pareja quiere hacer la transición. Pero si lo comparo con algo que siempre he querido, empiezo a entenderlo. Yo siempre he querido hijos. No puedo dar una explicación sólida del por qué. Es algo que sinceramente, y a veces de forma desesperada, siempre he querido.  A pesar de haber sentido el dolor absoluto de sufrir un aborto, el sacrificio financiero de los tratamientos de fertilidad, los procesos médicos interminables… nunca dudé de mi deseo de ser madre. Esta experiencia me permite algo de afinidad con las personas trans que quieren convertirse en la persona que quieren ser —y es una perspectiva que me ayuda en la experiencia con mi pareja—.

Poco a poco estamos encontrando nuestro lenguaje, nuestro idioma. Estoy convencida de que la clave para una relación a largo plazo es permitir el punto de vista de la relación de ambas partes, aunque no siempre estén de acuerdo. A veces tienes que compartir y dar valor a tener puntos de vistas diferentes para poder encontrar un camino conjunto. Las parejas de personas trans no son solo eso. Somos nosotros primero, y los abogados y representantes de nuestras parejas en segunda instancia.

Yo soy la pareja femme y queer de un hombre trans y quiero tener una palabra para mí misma. No quiero ser secundaria. Quiero una voz y quiero una voz para todas las parejas. Agradezco cuando se abre un espacio en la mesa también para las parejas. Transgress Press publicará una antología llamada “Love Always: Partners of Trans People on Intimacy, Challenge and Resilience.” (Amor para Siempre: Parejas de personas Trans hablan de Intimidad, Retos y Resiliencia).  He contribuido con un texto y habrá más de cincuenta cartas, poemas y textos escritos por parejas. Estamos encontrando nuestro lenguaje. Y yo te invito a que nos escuches.”

— Fin de la Traducción —

Gracias, por contribuir a crear un lenguaje para nosotras.

Pasando por lesbiana

Hemos hecho un viaje en grupo. Un viaje para mujeres lesbianas. Durante una semana A. volvió a su papel de lesbiana y por lo tanto yo me transformé también en lesbiana. Fue una experiencia muy curiosa.

Normalmente nos movemos más en círculos heterosexuales, no solo por vivir en la ciudad donde vivimos sino también porque yo soy la más social de la pareja y mi círculo de amigos es más heterosexual que gay, quizás porque toda esta distinción siempre me ha dado bastante igual.

También es más fácil ser bisexual en un mundo heterosexual que en un mundo gay. A los heteros les parece curioso pero a los gays les parece un insulto o una traición, así que intento evitar el tema en esos círculos.

En este viaje fui lesbiana por las circunstancias.

Lo que me resultó más difícil fueron los pronombres. Estoy tan acostumbrada a referirme a A. en masculino que me lié más de una vez. Menos mal que soy extranjera y que por eso los demás piensan que, simplemente, no domino los tecnicismos del idioma. Además no tengo gaydar, es decir, no detecto sin más a las entendidas. Necesito a A. para navegar por este mundo porque sino no me entero. Esto, a los ojos de A., me convierte en heterosexual, una etiqueta que tampoco me sienta muy bien  porque no es la primera vez que me he enamorado de una mujer (la última era heterosexual, así que tampoco me sirvió de mucho).

Me llevé bien con el grupo pero al mismo tiempo me di cuenta de que me falta una buena dosis cultural para terminar de integrarme. Ser lesbiana y parecer lesbiana no es lo mismo. Quizás es lo más cerca que he llegado a estar de la experiencia de A. de ser y parecer. Él es hombre pero todavía no lo parece. Todavía.

¿Cómo sabes si eres mujer u hombre?

Es una cuestión  sobre la que volveré a reflexionar aquí. Por el momento, os dejo este artículo de Código FTM que lo explica desde un punto de vista trans.

Podéis leer aquí el artículo completo: Capítulo 19. Sabía que no era una mujer.

“Es raro, simplemente lo sabes. Ves a tus amigas, y no te identificas con ninguna, no sé… las mujeres tienen algo, algo que no sabría explicar pero algo que se que yo no tengo y siempre lo he sabido. Además si ya desde peque sueñas con ser un chico, aunque solo quedara en un sueño, algo ya está pasando.

No sé, es como preguntar a alguien intersexual (hermafrodita) que su cuerpo es totalmente ambiguo, que cómo sabe que es hombre o es mujer. Simplemente lo sabe, y nadie mejor que ellos para contestar esta pregunta, ya que un hombre cisgénero quizá contestaría “sé que soy hombre porque tengo pene” o una mujer cis contestaría “soy mujer porque tengo vagina” (respuestas fáciles) pero ¿un intersexual? Nace con los dos sexos pero su género lo dicta su cabeza (como a todos) y simplemente lo sabe.

“Pues nosotros igual, simplemente lo sabemos.”

¿Qué poner en la tarta de boda?

La mayoría de la gente lo sabe. No todos lo llevan bien. Una parte de la familia en especial tiene dificultades para aceptar el hecho de que quien  pensaban  que  era  su  hija / nieta / prima / sobrina  es  en  realidad su hijo / nieto / primo / sobrino. Así que, al modo español, todos ignoran el tema. No se habla ni se comenta y hasta su madre se está volviendo una experta en  utilizar  adjetivos  neutros  y  descripciones sin género asociado.

“¿Necesitas dormir?” es el nuevo “¿Estás muy cansadX?”
“¡Te veo muy feliz!” es el nuevo “¡Te veo muy contentX!”

A. lo maneja en función de la situación. Con amigos y compañeros de trabajo es bastante abierto e incluso ofensivo. Con la familia no tanto. Normalmente estos dos grupos no se mezclan entre sí, así que no hay riesgo. Hasta el día en que te  casas  y  necesitas  escoger  las  figuritas del pastel de bodas.

¿Dos chicas? ¿Un chico y una chica? ¿Dos figuritas sin género tipo cómic? De repente, una simple pregunta sobre las figuritas del pastel de boda se convierte en una negociación de género inesperada.

Otras cuestiones fueron más fáciles de resolver: yo iba con vestido, él iba de traje; yo llevaba el ramo de flores, él portaba la flor en la solapa. Marcadores de género “aceptables” hasta para los que siguen insistiendo en que él es una mujer. Pero ¿y el pastel?

Al final optamos por poner nuestras iniciales, cada uno la de su apodo en vez del nombre de nacimiento. Así cada uno representa lo que siente ser, independientemente de su  género.

Un libro recomendado: Queerly beloved

Acabo de terminar de leer un libro que me ha impactado mucho.  Por el momento solo está disponible en inglés. Lo recomiendo mucho, aunque tengas que aprender inglés para ello.

Queerly beloved. A love story across genders
(“Amor queer. Una historia de amor más allá del género”) de Diane Anderson-Minshall y Jacob Anderson-Minshall.

Leí el libro en apenas dos días (¿o fueron noches?) y ya ha conquistado su lugar entre mis libros favoritos. Me encantó su estilo, sobre todo la forma tan abierta y honesta de tratar el sensible tema del transexualismo (no sé si eso es una palabra) y la relación estable. El libro es una brisa de aire fresco entre los miles de estudios que te intentan demostrar que las relaciones trans no tienen futuro. Diane y Jacob demuestran que, aunque no evalues todo de la misma manera, sí que puedes llegar a un punto de entendimiento común que no invalida ninguna experiencia sino que fortifica la experiencia en común.

El libro es la autobiografía de sus dos autores. Diana y Jacob están juntos desde hace más de veinte años. Empezaron como pareja gay (Diane y Suzy). Despues de quince años de relación, Suzy le dice a su mujer que se reconoce como hombre y que está pensando en hacer la transición. Mientras, Diane es una activista lesbiana muy reconocida en la comunidad gay, tanto por su trabajo personal como por su desempeño profesional, ya que trabaja en una de las publicaciones lesbianas más importantes del país. La decisión de Suzy puede tener por tanto un impacto determinante, no solo en su vida privada, sino también en su vida profesional. Una activista gay con una pareja hetero no tiene el mismo impacto que una pareja gay “modelo”.

Aún así, Diane y Jacob lo consiguen. Son un ejemplo inspirador de que sí se puede, de que solo porque el hecho de que tu pareja cambie de género tú no tienes que cambiar de orientación sexual, de que puedes ser lesbiana, bi, queer o lo que te salga de los óvarios sin que esto impida o invalide el cambio de sexo de tu pareja.

El libro ha sido un trabajo en equipo. En cada capítulo ambos protagonistas explican su punto de vista de lo que pasó. Primero leerás la versión de Suzy o Jacob —en función de si fue antes o después de la transición)—, seguido por lo que vivió Diane. Es un formato excelente para ver las diferencias en su experiencia sin tener que decidirse por una “verdad única”.

Me ha dado mucho que pensar, mucha esperanza, mucha energía positiva. Y me ha parecido un ejemplo a seguir.

¿Trans… qué?

A. dice que es trans. Trans y punto. El otro día le pregunté si se veía como transexual o transgénero. No sabía la diferencia.

Me quedé atónita. ¿Cómo puede ser que una persona trans no sepa si es transgénero o transexual? ¿O que diga que es lo mismo? ¿O quizás esa sorpresa es fruto de mi manía de querer etiquetarlo todo?

Le pregunto:
—Si la sociedad aceptara que eres hombre, a pesar de tus pechos, ¿te los extirparías?
—No.
—Y si pudieras cambiar el sexo en tu documento de identidad, ¿tomarías testorerona?
—Quizás.

Sé que le da miedo pasar por quirófano, así que no me atrevo a decir si el deseo de evitar la operación es parte de la aceptación de sus pechos (no le gusta que los toque ni en la cama) o si le supera el miedo al hospital y a las posteriores cicatrices.

Me vi a mí misma intentado encasillar a mi pareja. ¿Qué más da si es transexual o transgénero? ¿Por qué debería ser importante para mi? Le apoyaré sea cual sea la decisión que tome. A fin de cuentas es una distinción política y aunque sea transgénero y no odie su propio cuerpo, para poder vivir como hombre en esta sociedad, a día de hoy, tiene que pasar por el tratamiento hormonal y la cirugía. Sin importar si le molestan sus pechos o no.

Bajo esta premisa entiendo el artículo que se publicó en Pikara Magazin: ¿Cuántas personas transgénero se someten a una cirugía (y a todos los riegos que conlleva) que en el fondo  no  les  resulta  relevante porque su problema no es su cuerpo sino la percepción ajena?

¿O es una distinción artificial? No sé hasta qué punto estoy entrando en una discusión teórica que nada tiene que ver con mi realidad o hasta  qué  punto  esta  discusión es  necesaria para  construir  mi realidad y entenderla.