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Cuestiones de identidad

El día que empiezas a salir en serio con una chica, el mundo te lee como lesbiana.

Cuando esta chica decide seguir adelante con el cambio de sexo y emerge como hombre, te has convertido en hetero.

Si un día te separas, seguirás siendo hetero a ojos del mundo hasta que demuestres lo contrario, saliendo nuevamente con una chica. Los roles tradicionales son así de fuerte.

Si decides no separarte del todo, pero sí volver al mundo de ligar – entonces la cosa se complica.

Convivir con un hombre me convierte en heterosexual, independiente de mi propia realidad y mis deseos.

Imagínate el perfíl en Tinder: mujer, busca mujer, con dos hijos, convive con el padre. Da igual que orden le das a la información. El momento que aparece un hombre en la ecuación, como mucho de mereces la etiqueta de “mujer confundida”. ¿Cómo vas a ser “realmente” bi (aún alguien me tiene que explicar como se puede ser “irrealmente bi”), si vives con un hombre? ¿Cómo te pueden interesar las mujeres, si tienes hijos?

La solución fácil sería explicar que mi pareja / compañero / amigo con derecho / ex(?) es trans y lo conocí como mujer.

¿Y si no quiero dar explicaciones sobre la sexualidad y el genero de otra persona para explicar lo que me gusta a mi?

Así que permíteme mentirte si nos acabamos de conocer. Evitaré el tema hasta que nos conozcamos un poco mejor. Pero si me preguntas en la primera cita “oye, eres lesbiana”, te diré que si. Porque a veces hasta yo me canso de tener que dar explicaciones y gestionando políticas de identidad y genero. Ya te lo explicaré más adelante que las cosas no son así de blanco/negro.

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Legalidades – el nuevo DNI

A. ya tiene su nuevo DNI. No ha cumplido los 2 años de tratamiento de testosterona aún, pero nadie le puso pegas. Ya hizo la masectomía, se viste como un hombre, camina como un hombre, tiene voz de hombre, es un hombre. Quizás el trámite tan rápido se debe a que se trataba de un registro civil de una localidad pequeña. O tal vez el tema le parecía super interesante al funcionario de turno. O quizás a este funcionario le daba más bien igual. El resultado es el mismo: el DNI ahora representa la identidad de genero de A.

Lo peor que puede te pasar es un “no” (que a lo mejor es exactamente lo peor que te puede pasar)

La ley estipula de que tiene que tardar un mínimo de tiempo para cambiar de genero a nivel legal. Se supone que de esta forma no habrá personas que se arrepienten posteriormente (sí que las hay, independiente del tiempo que ha pasado – pero esto es otra discusión). El resultado no intencional de esta ley es que hay un cierto número de personas trans que lo pasan super mal cada vez que tienen que tomar un vuelo, recoger una carta de correos o hacer cualquier otro trámito que requiera la presentación de un DNI que en nada se parece a la persona que lo presenta.

La ley no dice que no puedas pedir el cambio antes.

En el peor de las hipótesis te deniegan el cambio y te informan que tienes que esperarte unos meses más. Y entonces puedes volver a pedirlo otra vez – esta vez respaldado por la ley de que sí has cumplido hasta con el plazo irracional contemplada por la misma ley.

Pero claro, si pides el cambio del DNI “antes del tiempo” puede que te digan que no. Es un “no” que facilmente se puede interpretar como un rechazo a la personalidad de la persona que lo pide – en un momento cuándo se siente más vulnerable. Así que es más fácil reclamar en Facebook y con los amigos de que esta ley es injusto e cruel – te obliga explicar tu vida personal a la señora de Correos que no tiene por qué saber que Raúl antes se llamaba Paula.

Sí, esta ley es injusta. Al mismo tiempo parece que incluye cierta flexibilidad. A. ahora ya tiene su DNI – antes de tiempo.

Lo peor que te puede pasar es que te digan que no. Y creeme, esto NO es lo peor que te puede pasar.

Binarios, benditos binarios

¿Por qué dividimos el mundo en binarios… y de paso juzgamos quién no se ajusta a estos binarios?

Sexo

Definición de sexo: los marcadores externos (o quizás genéticos) que definen si eres hombre o mujer. Por ejemplo: el pene, los pechos, la barba.

Binarios de sexo: masculino frente a femenino.

¿?: Los intersex solo están permitidos hasta que tengan la edad de decidir lo que son.

Género

Definición de género: los marcadores sociales (que pueden o no ser físicos) que se entienden en la sociedad como partes constituyentes de ser hombre o mujer. Por ejemplo: el vestido de boda es para las mujeres y los hombres llevan las maletas.

Binarios de genero: masculino frente a femenino.

¿?: Creo que en español no existe una palabra para genderqueer… ¿quizás andrógino? Lo que pasa aquí, al igual que en otras partes, es que la gente se pone nerviosa cuando no sabe a la primera en qué extremo ubicarte.

Identidad sexual

Definición de identidad sexual: lo que sabes que eres / sientes que eres a nivel de género / sexo. Es la respuesta inmediata si alguien te preguntara por tu sexo. Puede o no coincidir con tu sexo biológico.

Binarios de identidad sexual: cisgénero (cuando el sexo biológico y la identidad sexual están alineados) frente a transgénero (cuando el genero y el sexo biológico no están alineados)

¿?: Por ejemplo, no todos los Cross Dressers quieren cambiar de sexo, algunos simplemente quieren vivir su personalidad del sexo opuesto en entornos seguros. ¿Por qué no me puedo sentir hombre de vez en cuando sin que eso invalide mi identidad ni la de los “hombres de verdad”?

Orientación sexual

Definición de orientación sexual: preferencia a nivel físico y emocional del sexo con el que quieres acostarte

Binarios de orientación sexual: heterosexual (resultando en parejas hombre / mujer) frente a homosexual (resultando en parejas hombre / hombre o mujer / mujer)

¿?: Yo soy bisexual, aunque la policía de la orientación sexual me dice cada dos por tres que soy una lesbiana  que  ahora  se  está  transformando en heterosexual en virtud del cambio de sexo de mi pareja. (¿Cómo “pruebas” que eres bi?)

Otros signos de interrogación: las combinaciones poliamorosas, las personas que no tienen ningún interés en ningún tipo de sexo…

¿Aún insistes en que el mundo es blanco o negro?

El sexo opuesto como frontera

El otro día acompañé a Alex a una sesión de terapia en grupo para personas transgénero y sus parejas / familiares. Me impresionó la cantidad de jóvenes en el grupo, todos con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años. Al igual que en YouTube e Instagram, los trans más visibles son los más jóvenes. No tienen miedo a las nuevas tecnologías ni (aún) miedo a perder su estatus o reconocimiento. Es más fácil cambiar de sexo si tienes veintitrés años y vas a la universidad que si tienes treinta y cinco y trabajas como programador en una empresa privada.

¿O estoy quizás esperando demasiado? Lo que más me chocó en este grupo fueron las constantes referencias al binario de los géneros. Entiendo que, desde un punto de vista psiquiátrico, el punto de partida será siempre el sexo binario para así lograr el encaje en un tratamiento estandarizad. Incluso los intersex sólo se consideran como tales después de que hayan anunciado su “verdadero” género.

Como socióloga que dio su primeros pasos en la teoría del género a partir de Géneros en disputa (un clásico de Judith Butler) y Cyborg Manifest de Donna Haraway (traducción) estos binarios inamovibles me desesperan en mis días más benévolos y me enfurecen en los más estresados.

De una persona trans espero, no, exijo, una tolerancia especial hacia lo fluido, lo diferente, lo no-normativo. Y aún así me doy cuenta de que, muchas veces, las personas trans son los mayores enemigos de esta fluidez. Parece que su identidad “real” dependa de una idea estática del sexo y género como entidades definidas e inamovibles que solo permiten la ambigüedad durante el proceso de cambio de un sexo al otro.

Desde que Álex ha decidido que hará el cambio de sexo, cualquier lesbiana masculina es clasificada como “trans que aún no se ha dado cuenta“. A mí me recomienda que empiece a maquillarme, porque “las mujeres deberían cuidarse más“.

De repente, el sexo depende de unos marcadores externos definidos por la sociedad, esa misma sociedad que le “obliga” a cambiar de sexo porque no puede vivir con la idea de que una mente masculina viva en un cuerpo con características femeninas. Eso conlleva un rechazo de lo femenino que me genera mucha tristeza.

“Es que todas las mujeres hacéis eso.”
“eso es tan típico de las mujeres.”
“Sois todas unas manipuladoras.”

Tengo la impresión de que, como lesbiana, Álex nunca hubiera dicho esas frases, porque como lesbiana era parte del colectivo de mujeres y por lo tanto apreciaba mucho más las diferencias entre ellas. Desde que es oficialmente un hombre, las mujeres se han convertido en un elemento que marca la diferencia, en una frontera que al ser “el otro” valida su propia identidad. De repente, los hombres son individuos, mientras que las mujeres somos “todas iguales” y como mucho tenemos el papel de demostrar que él NO es una mujer.

Esta misma actitud la vi en muchos de los chicos y chicas trans del grupo de apoyo. Copian conductas porque “se supone” que es lo que hacen los hombres / las mujeres. Rechazan aspectos de sí mismos que a lo mejor pueden contradecir su “verdadero género”. Mientras que existen proyectos para educar a los niños en la aceptación de sus emociones para comprender que ser vulnerables no es lo mismo que ser débiles, los chicos trans hacen de todo para no parecer “débiles como si fueran una mujer”. Es el mundo al revés… pero el mundo de 1 930.

El sistema de la Seguridad Social ofrece a los chicos y chicas trans algo así como seis sesiones de terapia de grupo sin demasiado contenido preestablecido. Se tratan sobre todo cuestiones prácticas: cómo se lo ha tomado tu madre, cuánto tiempo lleva que crezca la barba, cómo van las listas de espera para las operaciones… falta  formación a nivel de teoría de género.

Siempre he pesado que las personas trans tienen una gran ventaja frente a alguien que, como yo, “solo” ha estudiado la teoría queer: son los únicos que realmente han podido vivir la experiencia del otro género. Me cuesta aceptar que tener una experiencia no signifique aprender o reflexionar sobre la misma. ¿A lo mejor eso llega con la edad?

Esta debería ser una pregunta obligatoria para todas las personas trans: ¿Qué has aprendido al haber vivido en el género / sexo opuesto? ¿Qué te ha gustado de la experiencia? ¿Qué te parece injusto / mejorable?

La alternativa es que todos los chicos trans sean felices por poder contar con los privilegios de ser hombres (muchas veces sin entender muy bien qué significa tener estos privilegios), mientras todas las chicas trans se convierten en Barbies  para  cumplir  con  las  exigencias físicas de un mundo aún demasiado machista.

Se necesita autorización: mastectomía masculina

Imagina que eres una mujer. Tienes los pechos muy pequeños, algo que te molesta. Quieres sentirte más femenina, más deseada, más sexi. Quizás te quieres poner esa ropa que sale en los anuncios.

Así que decides aumentarte los pechos.

Vas a una clínica privada, te preparan un presupuesto y un mes más tarde ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

Fin de la historia.

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Ahora imagina que eres una mujer. Tienes los pechos enormes, algo que te molesta. No puedes hacer deporte, tu columna vertebral sufre y tienes dolores crónicos debidos a tu mala postura.

Así que decides reducirte los pechos.

Vas a una clínica privada o pública (en este último caso habiendo pasado primero por tu médico de cabecera, un psicólogo y finalmente por la consulta del cirujano), te ofrecen el presupuesto / entras en la lista de espera y al mes / cuando te toca ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

¡Ojo! En este caso y tal y como lo describen las páginas web del sector: “El objetivo es dar a la mujer un pecho más pequeño y más proporcionado al resto de medidas de su cuerpo.” Es decir, el tamaño lo decidirán los profesionales.

No queremos que acabes con un físico demasiado… ambiguo, ¿cierto?

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Ahora imagina que eres un hombre. Tus pechos  son  un  poquitín  más  grandes  que  la  media  y  has  recibido  algún  comentario  al  respecto que ha herido gravemente tu autoestima. No te gusta ir por el mundo con unos pechos tan afeminados.

Así que decides reducirte los pechos.

Vas a una clínica privada, te informan del presupuesto y un mes más tarde ingresas en el hospital para que te hagan la intervención.

Fin de la historia.

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Ahora imagina que eres un hombre en un cuerpo de mujer. Tus pechos son una de las razones más importantes por las que en público se te considera una mujer (quizás a la par con el hecho de que no tengas barba).

Así que decides quitarte el pecho.

Y aquí termina la historia. Porque antes de extirparte los pechos tienes que pasar por la unidad de género (que normalmente forma parte de la unidad de psiquiatría) donde confirmarán que “sufres” de disforia de género. El psiquiatra te enviará al endocrino que te recetará hormonas y seis meses después de iniciar la hormonación podrás quitarte los pechos como pronto. Si vas por la Seguridad Social tendrás que contar con varios meses adicionales en la lista de espera.

Así que irás por el mundo con voz de hombre, barba de hombre, postura de hombre y caída de pelo de hombre… y tus tetas escondidas debajo de un binder que no te deja respirar.

Fin de la historia.

Moraleja: si quieres reforzar los estereotipos del género que te fue asignado al nacer, nadie te va poner la más mínima pega. Ahora bien, si tu decisión puede generar desconcierto o inseguridad sobre tu género, entonces tienes que pasar, como mínimo, por la consulta del psiquiatra.

Porque nada es más importante que la gente no se confunda entre él y ella. Tu identidad en este contexto es secundaria.

O eso parece.

Lo que no se nombra no existe

El otro día leí de nuevo este artículo de la revista BiMagazine sobre las Minorías Mayoritarias y las dificultades que existen cuando eres parte de una minoría minoritaria.

Por supuesto que se habla del colectivo LGBT incluyendo tanto a las —y los— bisexuales como las personas trans. Pero a veces no tengo claro que esta inclusión funcione bien porque, a la hora de la verdad, el discurso es LG y no llega más allá.

Las y los bisexuales no existimos porque nuestra sexualidad se define sólo de acuerdo a la pareja de turno: si tengo novia soy lesbiana, si tengo novio soy heterosexual y cuando no tengo pareja soy hetero-pero o, directamente, promiscua. ¿Cómo se “demuestra” la bisexualidad?

En este sentido siento cierta afinidad hacia las personas trans. Mientras que en mi caso se cuestiona mi orientación sexual, en su caso es su identidad sexual la que está en juego. Parece que nadie en este mundo puede vivir con lo fluido. Cuando A. se viste de manera muy masculina hay gente que se le queda mirando fijamente, pero muy fijamente, para “detectar” si es hombre o mujer porque “algo no les cuadra”.

Debo admitir que me preocupa un poquito que algún día cuadre. Por el momento no tiene ningún problema en decir en público que es trans pre-T (antes de tomar testosterona). Me gustaría pensar que también lo seguirá diciendo una vez que ya no sea tan obvio el aspecto trans. Lo que no se nombra no existe y da mucha rabia que en cada generación haya personas que crean que son los únicos porque no hay ejemplos visibles de otras posturas.

Los bisexuales se “convierten” en heterosexuales o gays en función de con quién se han casado.

Los trans adecuan su cuerpo a su identidad.

En ambos casos parece que la identidad fronteriza desaparece y otra generación se queda sin héroes.

Lo que no se nombra no existe. Yo, por mi parte, lo seguiré nombrando.