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Cuando ser padre depende del sexo (¿genético?)

En enero nacieron nuestros mellizos – un niño y una niño por el momento. Como yo soy alemana los quiero inscribir también en Alemania… solo que por el momento no podemos.

Resulta que Alemania no acepta la doble maternidad. Y como A. legalmente todavía figura como mujer, no puede registrarse como padre de los peques. Ser padre en Alemania es genético(?)

En nuestro caso es fácil, esperaremos la reasignación legal del sexo y con el nuevo DNI haremos la inscripción conforme lo requieren las leyes (anticuadas) de mi país. Mientras tanto, bajo las leyes alemanas solo yo tengo la patria potestad de los niños.

Ahora, la inscripción conjunta en Alemania se basa en la presunción de que A., siendo hombre, es el progenitor biológico de los peques. Porque la paternidad alemana a nivel legal se basa en la herencia biológica – mientras para nosotros es una construcción social. A falta de esperma ha habido un donante – que no es el padre ni lo puede ser. El padre para mi es la persona que cambia los pañales, que baña a los niños conmigo, que comparte su vida…

Bajo la ley alemana, estar casado conmigo convierte a A. en padre de los niños porque se supone que los niños son fruto de este matrimonio. Y mientras en nuestro caso a nivel conceptual esto es correcto, a nivel genético representamos una situación imposible para las leyes alemanas. 

Y si ahora añadimos la opción R.O.P.A. (utilizando los óvulos del hombre transexual, la pareja mujer se embaraza y físicamente tiene los niños), la cosa se complica aún más. Porque ahora, una vez que la reasignación del sexo haya sido completada, a nivel genético los bebés tendrían dos hombres como padres. Algo que la ley alemana tampoco admite. Pero efectivamente la mujer gestadora no comparte genética con los niños, algo que hace años simplemente no era posible.

La realidad cambia más rápido que el marco jurídico…

Mientras tanto, al “convertirnos” en una pareja normalizada (lease “hetero”) en los ojos de la sociedad resolveremos este problema – por lo menos a nivel conceptual.  Caso contrario pondríamos una demanda para forzar el cambio. Pero llegado a la segunda / tercera / última instancia, A. ya será hombre y el objeto del litigio habría desaparecido, por decirlo de alguna manera.

Otra pareja tendrá que luchar por la maternidad / paternidad doble que no dependa únicamente de la genética.

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¿Ya sabes qué son?

Desde que se me nota el embarazo la pregunta más frecuente es: ¿Ya sabes lo que son?  Qué prefieres, ¿dos niños, dos niñas o quizás una parejita?

Mi respuesta ideal sería:

Ya me informarán de su género cuando lo sientan necesario (o sea, a los seis o siete años).

Por supuesto mi respuesta real se mueve más bien alrededor de que no queremos saber el género, de que ya lo veremos en el parto y de  que los voy a querer igual sean chicos, chicas o algo intermedio.

Eso sí, siempre hago hincapié en el hecho de que da igual con que sexo biológico nazcan tus bebés. Lo que necesitan es amor, que les cuides bien y que puedan confiar en ti. El color de su primera muda no tiene efectos demostrados sobre su felicidad posterior. La ropa de un recién nacido, de un bebé o de un niño que ya gatea o empieza a caminar no tiene por qué mostrar distinciones de género. Tiene que ser cómoda, versátil y robusta para poder conquistar el mundo sin problemas.

Nada de conjuntos rosas con volantes para ella ni trajes rígidos para él. La ropa de niños tiene que servir para escalar árboles y no para calmar las dudas de género de la vecina.

¿Qué poner en la tarta de boda?

La mayoría de la gente lo sabe. No todos lo llevan bien. Una parte de la familia en especial tiene dificultades para aceptar el hecho de que quien  pensaban  que  era  su  hija / nieta / prima / sobrina  es  en  realidad su hijo / nieto / primo / sobrino. Así que, al modo español, todos ignoran el tema. No se habla ni se comenta y hasta su madre se está volviendo una experta en  utilizar  adjetivos  neutros  y  descripciones sin género asociado.

“¿Necesitas dormir?” es el nuevo “¿Estás muy cansadX?”
“¡Te veo muy feliz!” es el nuevo “¡Te veo muy contentX!”

A. lo maneja en función de la situación. Con amigos y compañeros de trabajo es bastante abierto e incluso ofensivo. Con la familia no tanto. Normalmente estos dos grupos no se mezclan entre sí, así que no hay riesgo. Hasta el día en que te  casas  y  necesitas  escoger  las  figuritas del pastel de bodas.

¿Dos chicas? ¿Un chico y una chica? ¿Dos figuritas sin género tipo cómic? De repente, una simple pregunta sobre las figuritas del pastel de boda se convierte en una negociación de género inesperada.

Otras cuestiones fueron más fáciles de resolver: yo iba con vestido, él iba de traje; yo llevaba el ramo de flores, él portaba la flor en la solapa. Marcadores de género “aceptables” hasta para los que siguen insistiendo en que él es una mujer. Pero ¿y el pastel?

Al final optamos por poner nuestras iniciales, cada uno la de su apodo en vez del nombre de nacimiento. Así cada uno representa lo que siente ser, independientemente de su  género.

Sus padres ya lo sabían

Estas vacaciones A. decidió contárselo a su padre. En un momento de intimidad, tomando café por la mañana mientras yo estaba con su madre en la playa, le dijo: “Papá, soy transexual. Me siento un hombre y he decidido cambiar de sexo. Y me da mucho miedo que no lo vayas a aceptar.” Su padre le respondió: “Ya lo sabía. Yo te quiero, tal y como eres, y siempre te aceptaré.”

Esa es la parte bonita de la historia. La parte que toda persona transexual quiere oír. La parte que me  hace  muy  feliz,  porque  le  ha  quitado un enorme peso de encima.

La parte no tan bonita es cómo se enteró su padre. Por lo que parece, una amiga de A. se lo había comentado a su madre, y ésta  es clienta de su padre. Nada más escucharlo de boca de su hija, se fue a la tienda para preguntar su opinión:

“¿Qué te parece que tu hija se vaya a poner una polla?”

Así  fue  como  se  enteró  el  padre de A. de  que  su hija  es  en  realidad su hijo.

Se lo comentó a la madre de A. quien, acto seguido, registró toda la casa en nuestra ausencia, y probablemente encontró la prótesis, el informe del psicólogo, la ropa interior de hombre o los libros sobre el tema en mi estantería.

A. no ha hablado con su madre. Dice que no hace falta porque ya lo sabe. Su padre dice que su madre está disgustada. No se habla nada más del tema. Así que ahora todos lo saben. Todos saben que todos lo saben (o eso creo). Pero nadie lo menciona en voz alta.

Para mí es una situación rara. ¿Sigo refiriéndome a A. como ella frente a su padres o ahora puedo usar el género correcto? ¿Cuánta masculinidad se le permite expresar frente a sus padres?

Lo que sí sé que a esta amiga es mejor no confiarle cosas personales. Porque los secretos corren más rápido de lo que uno se imagina.