Pasando por lesbiana

Hemos hecho un viaje en grupo. Un viaje para mujeres lesbianas. Durante una semana A. volvió a su papel de lesbiana y por lo tanto yo me transformé también en lesbiana. Fue una experiencia muy curiosa.

Normalmente nos movemos más en círculos heterosexuales, no solo por vivir en la ciudad donde vivimos sino también porque yo soy la más social de la pareja y mi círculo de amigos es más heterosexual que gay, quizás porque toda esta distinción siempre me ha dado bastante igual.

También es más fácil ser bisexual en un mundo heterosexual que en un mundo gay. A los heteros les parece curioso pero a los gays les parece un insulto o una traición, así que intento evitar el tema en esos círculos.

En este viaje fui lesbiana por las circunstancias.

Lo que me resultó más difícil fueron los pronombres. Estoy tan acostumbrada a referirme a A. en masculino que me lié más de una vez. Menos mal que soy extranjera y que por eso los demás piensan que, simplemente, no domino los tecnicismos del idioma. Además no tengo gaydar, es decir, no detecto sin más a las entendidas. Necesito a A. para navegar por este mundo porque sino no me entero. Esto, a los ojos de A., me convierte en heterosexual, una etiqueta que tampoco me sienta muy bien  porque no es la primera vez que me he enamorado de una mujer (la última era heterosexual, así que tampoco me sirvió de mucho).

Me llevé bien con el grupo pero al mismo tiempo me di cuenta de que me falta una buena dosis cultural para terminar de integrarme. Ser lesbiana y parecer lesbiana no es lo mismo. Quizás es lo más cerca que he llegado a estar de la experiencia de A. de ser y parecer. Él es hombre pero todavía no lo parece. Todavía.

Advertisements