Conversando con mi suegra

Mientras que mis padres saben que A. es trans, lo de mis suegros es otra historia. Ya les costó aceptar que A. era gay, así que le da algo de miedo explicarles que en realidad no es homosexual sino que es un chico. Su intención es que sea yo quien les explique lo que pasa, a ser posible cuando él no esté presente.

Tuve una oportunidad de abordar un poco el tema la semana pasada. Sufrí una pequeña intervención quirúrgica a la que A. no pudo venir por cuestiones laborales, así que fue mi suegra quien me acompañó. Mientras aguardábamos mi turno en la sala de espera estuvimos hojeando revistas para encontrar ideas para el vestido que ella se quiere poner en la boda y salió el tema de nuestros vestidos:

—[Mi suegra] Y tú,  ¿ya tienes vestido?
—Claro que si, azul.
—¿Y A.? ¿Cómo irá vestido? ¿Llevará vestido o traje?
—Traje, por supuesto. Es el novio.
—Vale, vale.

Poco después me contó que A. había insistido en ir vestido de princesa a su comunión y que entonces era mucho más femenino; que a los dieciséis, después de un campamento de verano, cambió mucho y que desde entonces parece más un chico que un chica.

—Pero ¿tú crees que es feliz?
—Yo le veo muy feliz. Y muy relajadoa también (Soy una crack a la hora de pronunciar una a que suena a o y que suena a a).
—Vale. Lo importante es que sea feliz, ¿no?
—¡Eso!

Quiero recordarle esta frase cuando en el futuro hablemos más a fondo de este tema. De cierta forma creo que su madre lo sabe. A lo mejor no tiene el vocabulario necesario para expresar el concepto, pero no creo que se sorprenda mucho. Ahora bien, en el caso de su padre ya no lo tengo tan claro.

Y sí,  se me ha quitado algo el miedo de cara al futuro.

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